Esmeralda Moronta de los Santos era una mujer que se dedicaba a la repostería y por medio de ella brindaba cariño y amor a sus clientes con bandejas y pasteles personalizados.
Por lo menos su última creación mostró eso.
“Música, rosas y dulce perfección. Un bizcocho personalizado hecho con amor para Rossely (clienta)”, indicaba una publicación colocada en su perfil de Instagram “Estilo Pastelero” el 5 de mayo de 2026.
Sus elaboraciones tenían diferentes estilos, pero una sola misión: impactar la vida de sus clientes con un trabajo que poseía amor, dulzura y cariño.
“Detrás de Estilo Pastelero se esconden mis sueños, mi esfuerzo, mi dedicación a hacer las cosas bien y cumpliendo siempre con lo que me gusta. Realmente al que le guste la pastelería debe de amar lo que hace, porque sin amor no hay inspiración”, comentó Moronta en 2019 mientras era entrevistada por los panelistas del programa “La Chercha T”.
El proyecto que comenzó en diciembre de 2016 encontró el impulso necesario para despegar gracias a su familia y se mantuvo a través de los años por el talento que poseía ella.
Su trato afable y dedicación también fueron vitales. Por eso, no era una carga pasar una jornada completa realizando un bizcocho o alguna otra pieza pastelera para complacer a sus consumidores.
“Todos son importantes para mí. Crean de alguna forma un sentimiento, un reto para mí y así sucesivamente. Siempre trato de plasmar lo que el cliente quiere sentir a través de una entrega”, dijo entre risas en el programa mencionado anteriormente.
El 8 diciembre de 2025, Moronta abrió su local, algo que tenía “en mente” observó la luz. Los años de esfuerzo y esmero pasaron de ser amargos a dulces, así como una de sus invenciones.
Su logro fue compartido en su cuenta mediante un video que iniciaba con un versículo bíblico que reposa en Isaías 60:22, un libro de las sagradas escrituras: “Cuando llegue el momento oportuno, yo, el Señor, lo haré realidad”.
Una luz apagada
Sin embargo, la tarde del 13 de mayo de 2026 su vida culminó a los 33 años.
Omar Tejeda Guzmán fue el culpable. Él era su expareja sentimental y también decidió ser su verdugo.
Mientras ella corría en zigzag por la calle Puerto Rico del sector Alma Rosa I (Santo Domingo Este) para evitar golpear algún vehículo, Guzmán la perseguía con un arma de fuego calibre 9 milímetros.
Moronta tuvo tiempo para ingresar a un colmado e intentar resguardar su vida; no obstante, el hombre entró y a las 2:52 de la tarde le quitó la vida de múltiples disparos. Posteriormente, se suicidó en la escena.
El hecho ocurrió luego de que Moronta asistiera a la Unidad Integral de Atención a la Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales de Alma Rosa I para colocar una denuncia contra Guzmán.
La fenecida había dicho que la relación con su verdugo tenía dos meses terminada, pero que el hombre le escribía, la acusaba de tener otra pareja y la vigilaba con un GPS, lo que la llevó a pedir ayuda y solicitar una orden de alejamiento.
La hoy occisa era madre de dos niños menores de edad y se dedicaba a la pastelería.
Los restos de Moronta fueron velados en la Funeraria Municipal Los Girasoles, Distrito Nacional, y enterrados en el Cementerio Cristo Redentor.
Ese fue su final, uno injusto, uno que apagó su luz; esa que brillaba sin opacar a otras.