Con 68 años a cuestas, Felicia Leclerc, extraoficialmente la jocketa de mayor edad en el mundo, se sigue levantando a las cuatro de la mañana para ir al Hipódromo V Centenario.
Luego de darse un baño, poner la greca y tomar café, como tiene su mota dañada, se dirige desde el barrio Villa Juana, donde tiene más de cuatro décadas residiendo, hasta la emblemática esquina de la Duarte con París para tomar el minibús del transporte público que le conduce hasta su lugar de trabajo.
Una vez allí su faena comienza a traqueando caballos con baños en la piscina. Luego los alimenta, les suple las vitaminas que requieran antes de pasearlos por la pista. Es algo que también disfruta hacer.
“El hipismo es mi vida”, deja establecido la considerada madre en el país del llamado “Deporte de los Reyes”, quien inició su carrera el dos de agosto de 1980 en el desaparecido Hipódromo Perla Antillana con una victoria sobre el lomo del ejemplar “El Fantoche”.
“Fela”, como le llama la mayoría, estuvo a un tris de hacer historia el pasado nueve de mayo. Esa tarde quedó en el segundo lugar montando al equino Al Emir, detrás de Alexander Fernández y la potranca “Doña Mireya”, quienes le rebasaron en los últimos diez metros de la prueba.
Esto no solo evitó que reeditara el triunfo que había obtenido en 2020, a la edad de 62 años, cuando se impuso con la yegua Rosita E y estuvo por última vez en el Círculo de Ganadores.
Más importante aún fue impidió que Felicia quebrara la marca establecida por la estadounidense Diane King, quien a los 67 años se convirtió en la jocketa con mayor edad en conquistar una prueba. Esta hazaña ocurrió en 2013 en el Hipódromo Thistledown, de Ohio, montando a Ledgehill.
“Si Dios quiere lo vamos a lograr. Me siento fuerte, me siento bien”, manifiesta la profesora Leclerc, dotada de un metabolismo y disciplina que le mantienen pesando las mismas 95 libras que cuando compitió por primera vez hace 46 años.
A las recurrentes preguntas que aficionados y gente de su entorno le hacen, a manera de sugerencia, ella suele responderles con otros cuestionamientos.
“¿Por qué tengo que retirarme”?¨, ¿”Por cuál razón debo retirarme de lo que me gusta?”, les pregunta Felicia, quien no tuvo hijos, pero considera como suyos a todos los que ha formado en la Escuela Vocacional Don Arturo Zicklay, donde imparte docencia de lunes a viernes de ocho a once de la mañana.
Dagoberto Galán, el reconocido cronista hípico, recuerda que en sus tiempos de fanático, gracias al ex beisbolista y aficionado hípico Manuel –Bonny—Castillo, conoció a la veterana atleta en el Perla Antillana.
Ella aprovechó la ocasión para invitarle a que fuera a la cartelera del miércoles siguiente para que le viera hacer un punta-punta.
«Felicia Leclerc es una guerrera. La conocí en persona en el Hipódromo Perla Antillana y recuerdo que me tomé mi primera foto en el Círculo de Ganadores con ella y la yegua Kathy Coach, en la década del ’80”, resalta Galán, el autor de la página de pronósticos “Guía Deportiva”, que desde hace más de dos décadas publica en LISTÏN DIARIO y en la que se les da un gran seguimiento al hipismo.
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Quedan pocos
Además de Felicia Leclerc, solo tres de los jinetes que compitieron en el Hipódromo Perla Antillana, que tras 50 años funcionando fue cerrado en 1994,montan de manera esporádica en el Quinto Centenario. Se trata de los longevos José -Gilberto- Reyes, William Luis (Pérez en su debut) y Robin Santiago.
Entrenadores
Luis Jiménez, Dante Faña, Gerardo Paulino y Juan Julio Abreu, que también corrieron en el Perla tienen varios años fungiendo como entrenadores en el Quinto Centenario.
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