Apenas 44 días nos separan, a partir de este viernes 17 de julio, de la fecha límite para que Haití celebre sus elecciones presidenciales el próximo 30 de agosto.
El panorama no es alentador y todo apunta a que se cumplirán nuestros pronósticos de un nuevo y estrepitoso fracaso en el proceso electoral.
Ante esta inminente realidad, es imperioso advertir que el debilitado gobierno haitiano y su fragmentada estructura de partidos políticos parecen seguir profundamente dormidos bajo sus propios laureles.
Partidos hasta en la sopa
A pesar de la reciente y masiva aprobación de 316 partidos políticos, el panorama que se presenta de cara a la cita electoral del 30 de agosto es desalentador, inquietante y descabellado.
Como ya habíamos sostenido en nuestra entrega anterior en este Listín Diario, cualquier proceso electoral en cualquier rincón del mundo exige un requisito indispensable que hoy brilla por su ausencia en el país colindante, como lo es un clima de seguridad mínima y estabilidad territorial.
Lejos de los brillantes comunicados emitidos desde los despachos de la burocracia gubernamental y de los salones de los organismos internacionales, que aspiran y presionan por una votación rápida con una supuesta preparación técnica, el choque frontal con la realidad del terreno demuestra que esta jornada es, en términos de logística, inviable.
La oficialización de 316 organizaciones políticas, más allá de representar un supuesto triunfo del pluralismo democrático, es en realidad el reflejo de un sistema atrapado en el caos y atomizado, que hace imposible la gobernabilidad, el consenso y, sobre todo, la confianza de un electorado extremadamente desencantado.
No hay «cuarto»
Y a esto se suma un fuerte vacío material: el presupuesto de 120 millones de dólares estimado para los comicios ni siquiera ha sido aprobado ni financiado formalmente.
También se agrega la ausencia de un calendario electoral definitivo que deja al proceso hacia los comicios huérfano de la estructura mínima necesaria para garantizar un ápice de viabilidad y transparencia.
Factores dominantes
Con todo esto, el obstáculo verdaderamente insalvable sigue siendo la crisis de seguridad y la catástrofe humanitaria.
Vale repetir lo que tantas veces hemos advertido: con bandas armadas que controlan la mayor parte de la capital, Puerto Príncipe, más de 1.4 millones de desplazados internos imposibilitados de votar en sus comunidades, y una violencia activa que diariamente se cobra vidas y provoca éxodos masivos, resulta materialmente imposible garantizar elecciones libres, seguras y con una participación legítima.
Sin control territorial básico, sin fondos reales y con una población desplazada que lucha literalmente por sobrevivir, la fecha del 30 de agosto de 2026 no se perfila como un ejercicio democrático, soberano y posible para ese desdichado pueblo.
Para más precisión, insistir en celebrar elecciones en Haití, con este abismo de 44 días contando desde este viernes, se presenta, llanamente, como la imposición de una agenda internacional artificial que prefiere simular normalidad antes que resolver la tragedia de fondo de la que siempre pretendieron hacer cargo a la República Dominicana.
Nueva vez, advertirnos, que nadie sueñe con elecciones en Haití este domingo 30 de agosto.