En nuestra sociedad solemos hacer viral lo curioso, lo polémico o lo entretenido. Pero pocas veces logramos que una buena política pública ocupe ese mismo espacio en la conversación nacional. Y debería hacerlo.
Las buenas políticas públicas también merecen una #casa en la conversación pública. Un espacio donde se conozcan, se midan, se compartan y, cuando funcionan, se repliquen. No por moda ni por ruido, sino porque cuando una iniciativa pública cambia vidas, mejora ingresos y demuestra resultados con evidencia, merece ser conocida, defendida y puesta como ejemplo.
Seguramente existen muchas buenas iniciativas en el país. Algunas, sin embargo, siguen escondidas porque todavía no han sido evaluadas. Otras sí han pasado por ese filtro y muestran resultados concretos. Un buen ejemplo es el programa Inglés de Inmersión para la Competitividad, una política pública dominicana con más de 20 años de implementación, que funciona bajo una modalidad de beca dirigida a dominicanos bachilleres.
La demanda habla por sí sola: el programa recibe alrededor de 90 mil solicitudes anuales, pero solo una cuarta parte logra acceder por limitaciones de cupo. Además, el 62% de sus beneficiarios son mujeres y la mayoría de sus egresados se inserta en el sector privado, especialmente en call centers, zonas francas, turismo, hoteles, bares y restaurantes; otros pasan al sector público o emprenden.
Pero lo más importante no es solo que el programa exista, ni que tenga demanda. Lo más valioso es que ha sido evaluado. Una evaluación de impacto permite responder una pregunta clave: ¿qué habría pasado con estos jóvenes si no hubieran participado en el programa? Para aproximarse a esa respuesta, el estudio comparó a quienes recibieron el curso con un grupo similar de personas que postuló, cumplió los requisitos, pero no fue seleccionado por falta de cupo.
Ese detalle es importante. No se trata simplemente de contar historias bonitas, aunque las haya. Se trata de medir resultados con datos. La evaluación utilizó información de más de 500 mil postulantes, observando la evolución de sus salarios antes y después del inicio del programa. Esta comparación permitió estimar el efecto del curso sobre los ingresos laborales de los beneficiarios.
Los hallazgos son claros: los jóvenes que reciben el curso y logran insertarse en el mercado laboral obtienen un incremento de hasta 15% en su salario real en comparación con personas similares que no pudieron participar en el programa. Este 15% no es un número menor. Para un joven que empieza su vida laboral, puede significar más independencia, más capacidad de ahorro, mejores condiciones para estudiar, apoyar a su familia o construir un proyecto personal.
El impacto también tiene una dimensión de género. La evaluación encontró que las mujeres experimentaron un aumento mayor en sus salarios en comparación con los hombres después de participar en el programa. Esto sugiere que el inglés puede ser una herramienta concreta para reducir brechas y abrir puertas en sectores donde el idioma es una ventaja competitiva.
Además, el programa no sólo beneficia a los individuos. También genera retorno para el Estado. Según la evaluación, la inversión pública se recupera en aproximadamente seis años a través de una mayor recaudación fiscal, debido a que quienes participan en el curso terminan aportando más impuestos que personas similares que no accedieron al programa.
Por supuesto, esto no significa que el programa no tenga retos. Si cada año hay 90 mil solicitudes y solo el 25% logra entrar, hay una señal evidente de demanda insatisfecha. Ampliar la cobertura debería ser parte de la conversación, ya sea con más recursos públicos, alianzas con el sector privado, esquemas de financiamiento compartido o mecanismos innovadores que permitan llegar a más jóvenes.
También deja una lección mayor: las políticas públicas deben evaluarse más. No basta con anunciar programas, cortar cintas o presentar cifras de ejecución. El país necesita saber cuáles iniciativas funcionan, para quiénes funcionan, cuánto cuestan y qué retorno generan.
En conclusión, si algo debe hacerse viral, que también sean las iniciativas que cambian vidas con evidencia. Porque cuando una política pública demuestra que mejora salarios, abre oportunidades y devuelve valor a la sociedad, no debería quedarse escondida en un informe: debería convertirse en conversación nacional.
El autor es economista y docente universitario.
Nota: Todas las estadísticas citadas en este artículo están basadas en el trabajo: “Do you speak English? Evaluación del impacto del programa ‘Inglés de Inmersión para la Competitividad’ de la República Dominicana.”, Marvin Cardoza (2024).