Cuando no es pelota es “pelótica”, pero siempre política. Por mucho que el Latinobarómetro marque un descenso sostenido en el interés por la política en la región, en Dominicana marca tema y discurso, y constituye el ascensor social por excelencia. Sólo quien no entiende (¿acepta?) eso, se puede sorprender por el clima de “política permanente” que se vive en el país, y cómo la política domina de manera transversal la agenda; porque en un país donde un análisis político comienza con un “¿cómo tú ves la vaina?”, cualquier cosa es posible.
Así las cosas, los jugadores van situándose en el lugar que les corresponde en el tablero, y las debilidades propias han sido compensadas con hábiles jugadas previas. Primero fue el PLD, que en octubre de 2024 cerró su ciclo de organización interna de manera disciplinada y exitosa, eligiendo sus autoridades nacionales con Danilo Medina como presidente de la organización. Luego, en agosto de 2025, la Fuerza del Pueblo eligió como presidente a Leonel Fernández –y también sus demás cuadros directivos–, cerrando exitosamente su proceso interno. Ambas organizaciones, con altas y bajas, han sostenido desde entonces un proceso de cuestionamientos a las ejecutorias del gobierno, realizado críticas, y propuesto medidas alternas a las oficiales. Vamos, que están haciendo oposición.
Con miras a su proceso organizativo interno de mediados de año; con un presidente en el gobierno que no va; sin un candidato presidencial definido y acumulando el desgaste de los segundos períodos; el PRM se aboca a la selección de unas autoridades donde desde ya se sabe que Luis Abinader será el presidente del partido; pero, al margen del método y la democracia, los resultados también reflejarán la correlación de fuerzas existentes entre los diferentes proyectos/propuestas presidenciales.
En medio de esa disyuntiva fue que el PRM celebró en Santiago su décimo primer aniversario de fundado, y, ciertamente, motivos para hacerlo no le faltan. Contra todo pronóstico, en términos políticos el partido ha sido exitoso. A pesar de las profecías que auguraban que su ADN perredeísta se impondría en sus anteriores procesos internos, que las sillas saldrían volando en su convención, que no ganaría en 2020, que no repetiría en 2024, el partido que asaltó el poder con menos de seis años de fundado, logró lo impensable.
Cuestionar su obra de gobierno o su gestión es legítimo, como todo en democracia; pero, dudar de su efectividad política, de la capacidad de trabajo de su liderazgo y sus dirigentes, sería mezquino. En Santiago, Luis Abinader habló como presidente del país, pero también se la lució como futuro presidente del partido, a juzgar por su lenguaje frontal, cuestionador y desafiante con la oposición.
La oposición está lista para la batalla y el PRM aún no llega, pero en Santiago mostraron armas, unidad, disposición de combate y espíritu de cuerpo. Falta mucho para las elecciones, pero el 2028 está a la vuelta de la esquina.