El 30 de marzo de 2025 parecía un día cualquiera en Manabao, Jarabacoa. Una reunión familiar, risas, adultos conversando y un niño de apenas tres años jugando en el patio. Nada hacía presagiar que, en cuestión de minutos, todo cambiaría para siempre.
Roldanys Calderón desapareció sin dejar rastro.
¿Cómo es posible que un niño tan pequeño, rodeado de adultos, bajo el cuidado de su familia, desaparezca en un entorno aparentemente seguro? Esa es la pregunta que, un año después, sigue sin respuesta.
Su desaparición no solo estremeció a la comunidad de Los Tablones, en Manabao, sino que sacudió a toda la República Dominicana. Durante días y luego semanas, se desplegaron intensos operativos de búsqueda que incluyeron desde unidades caninas hasta tecnología avanzada como drones, cámaras térmicas y personal militar. Sin embargo, el resultado fue el mismo: silencio y falta de respuestas.
Para la familia, la incertidumbre se ha convertido en una forma de vida. Aseguran que la información proporcionada por las autoridades ha sido limitada, fragmentada e insuficiente. Mientras tanto, el caso se ha ido rodeando de hipótesis, reconstrucciones y procesos investigativos que, hasta la fecha, no han logrado responder la pregunta esencial: ¿dónde está Roldanys?
La investigación, encabezada por la fiscal Olga Diná Llaverías, ha incluido reconstrucciones de la escena e interrogatorios a los familiares y a quienes estaban presentes aquel día. Pero ni siquiera eso ha logrado disipar las dudas que envuelven el caso, a pesar de todas las pruebas que la propia familia ha entregado.
Según declaraciones de Ramón Cabral, representante de los padres y abogado de la familia, el 29 de junio de 2025 fue depositada una instancia ante la Procuraduría General de la República Dominicana en busca de respuestas. Posteriormente, el 6 de marzo de 2026, mediante el acto No. 331-2026, se notificó nuevamente a la Procuraduría General de la República específicamente a través de la Dirección Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes solicitando información concreta sobre el curso de la investigación.
Ante la falta de respuestas, la familia denuncia que el Ministerio Público no ha actuado con la debida transparencia.
“Que se nos diga qué ha hecho el Ministerio Público con las pruebas que hemos aportado: qué ha pasado con los videos, los testigos y las sospechas que tenemos. ¿Por qué el Ministerio Público no responde? ¿Está protegiendo a alguien?”, cuestionó el abogado.
Asimismo, señaló que un vecino de la familia, quien estuvo presente el día de la desaparición del niño, se encuentra actualmente fuera del país.
En ese sentido, se considera que todas las personas vinculadas al caso deberían tener una orden de impedimento de salida, ya que en cualquier momento podrían ser requeridas para testificar o aportar información relevante.
Hoy, al cumplirse un año de su desaparición, el dolor de sus padres no ha disminuido. Por el contrario, se ha transformado en angustia e impotencia frente a la falta de respuestas concretas.
Roldanys no es un caso más. Es un niño. Es una familia rota. Es una herida abierta en un país que no puede permitirse olvidar, porque cuando un niño desaparece en circunstancias como estas, es todo un sistema el que falla.
Las autoridades tienen la obligación ineludible de ofrecer respuestas claras, avances verificables y actuar con absoluta transparencia; no de mantener la investigación en silencio, con el riesgo de que el caso termine diluyéndose y convirtiéndose en una estadística más.
Este es un llamado a la sociedad y a los medios de comunicación: no olvidar, no soltar, no permitir que el paso del tiempo transforme esta tragedia en indiferencia.
Porque mientras no haya respuestas, la pregunta seguirá siendo la misma:
¿Dónde está Roldanys Calderón?