Las Matas de Farfán es un pueblo en donde muchas familias viven en la vulnerabilidad. En una de ellas nació Yamil Isabel Ramírez Montero.
Sí, una mujer que, en la superación, el trabajo y las decisiones difíciles ha encontrado la mejor forma de convertirse en una hija distinguida de sus parientes, y por supuesto, de su comunidad.
La madre que, en 1999 se fue a vivir a España, tal vez para el momento, no tenía necesidad de emigrar. En su amada Replica Dominicana estaba saliendo adelante en el área de la belleza.
“Pero quien era mi pareja me trajo con un contrato de trabajo. Yo digo que fue por casualidad, porque en ese momento no tenía interés en emigrar, ni tampoco quería dejar mi familia, mucho menos a mi hija, que en ese entonces tendría unos ocho años”.
Tuvo que pensarlo bien antes de embarcarse en un viaje que puede que le tuviera reservado el éxito, pero no reemplazaba su amor materno.
“Vine para probar, con la idea de regresar rápido y, en el transcurso de la documentación y las oportunidades que se abrían en ese momento, y la facilidad de asegurar un futuro pues decidí dar el paso”.
La ausencia de su pequeña la debilitaba, pero no le impedía hacer los aprestos para llevársela con ella. Cuatro años después, logró llevarse a Pamela, quien hoy tiene 33 años. Tenerla consigo, la ayudó a concentrarse en su superación. Hoy también es madre de Paula, que tiene 15 años de edad.
Sin desmayar

¿Hubo obstáculos? A esto respondió con una afirmación que pasa a explicar. “Fueron muchos. He vencido la integración en el país, adaptarme a las costumbres, a la comida, a su manera de hablar, a las formas… Pero más que esto, sobrevivir a la falta de mi familia en momentos difíciles, a la ausencia de mi hija, y a trabajar duro para lograr el objetivo: estar con mi niña”.
Las trabas que se le presentaban eran su impulso para ganar esa batalla. Prioriza la disciplina de estudiar y trabajar para avanzar.
Otro dato que facilita es lo que significó para ella tener su nacionalidad y sentirse allí como una más. “Integrarme a la sociedad española, más que un obstáculo ha sido un reto, pues soy muy querida por los españoles. Desde hace 16 años tengo mi propia peluquería, y el 70 % de las clientela es española, la mayoría de ellas son de muchos años, algunas son como familia”. Agradece la acogida.
A pesar de las piedras en el camino, esta mujer que no da su brazo a torcer, siempre trató de basar su crecimiento en metas. Tanto es así que, todavía, 25 años después de emigrar, continúa trabajando por sus objetivos, “pues para lograr un sueño hay que ir paso a paso”.
La primera que se trazó fue ser buena profesional. “Me concentré en destacarme, porque aunque tenía larga experiencia en República Dominicana, aquí mis días libres eran para actualizarme y conocer las técnicas de este país en lo que a belleza se refiere. Así lo hice por varios años y cuando me sentí lista me independicé y puse mi peluquería”. No se detenía. Cada día tenía más motivos para continuar avanzando.
Su entrega y dedicación a formarse nunca han detenido su marcha. Actualmente estudia ‘social marketing’ y economía colaborativa

“Y me propongo ser ‘coaching’, viajar por el mundo impartiendo talleres, tocando corazones, y con todo esto, dejar un legado de que aunque no esté físicamente, quedará alguna frase que permita que a través de mi historia de vida otros puedan lograr sus metas”. Gracias a esta actitud, Yamil ha podido sacar su casa en las afueras del centro de Madrid.
“Ver los obstáculos como reto es la mejor forma de vencerlos”
Cajera comercial, experta en estética, y peluquera completa con especialidad en corte, color y postura de pelo. Con un portafolio repleto de conocimientos en el área de la belleza, Yamil Isabel Ramírez Montero se fue a España.
Si bien es verdad que esto le auguraba conseguir un buen trabajo allí, también es cierto que debía comenzar de cero en un lugar con costumbres y estilos diferentes a los de un país tropical.
Tenía una base fuerte para llegar allí y encontrar trabajo. No sólo posee conocimientos, sino experiencia.
“En 1985 inicié en el mundo de la belleza, porque siempre he tenido curiosidad y ganas de aprender, y quería tener diploma. Para ese entonces estudiar y presumir de tener diplomas era un logro para los jóvenes”. No imaginaba que iba a vivir de esa “pretensión social”.
Hoy, esta mujer del sur de República Dominicana, está orgullosa de lo que ha obtenido por no dejarse vencer por las adversidades.
“Me he superado muchísimo como profesional, pero sobre todo, como ser humano. He crecido en el área de personal ‘branding’, asistiendo a congresos, conociendo empresarios internacionales, asistiendo a las capacitaciones sin excusas; teniendo un compromiso conmigo misma para ser un ejemplo para mis hijas.
Porque mis acciones, aunque no lo entiendan en el momento, pueden incidir en las suyas”. Desea que ellas sigan el camino de crecimiento que ella, como madre y mujer ha logrado de forma positiva, honesta y sin rendirse.
Y, a propósito de rendirse, ¿por qué se puede decir que tú no tiras la toalla ni en los momentos más difíciles? “Porque estoy convencida de que siempre he sido una guerrera, una amazona, y me considero una persona luchadora, porque me gusta sentirme orgullosa de mí misma. Y algo muy importante, porque pienso que nada es imposible y me gustan los retos”.
Las herramientas que tiene para no sucumbir son la disciplina y la perseverancia. “Con ellas dos se puede conseguir cualquier cosa que nos propongamos lograr”. Es determinante.
Tus ángeles en el camino

Pero Yamil no es la única que tiene los créditos de sus logros. En el camino ha contado, primero con el favor de Dios y luego con ángeles que le han acompañado en el camino.
“Han sido muchos los que día a día me han dado fuerzas para luchar”. No menciona nombre. Se los reserva por si la memoria le juega una mala pasada y obvia a alguien de los que desde el día uno, la han apoyado.
Son esas mismas personas las que han contribuido a que hoy, esta hija de Las Matas de Farfán, no sólo haya derribado barreras, sino que siga soñando con nuevas victorias.
“Sueño con tener libertad financiera, pero más que todo, con crear una fundación de ayuda para mujeres maltratadas, que carecen de autoestima y fuerza de voluntad para poderse defender”.
Para concretar esta pretensión, sabe que debe continuar formándose sobre lo que quiere hacer y empaparse bien de lo que vaya a desarrollar.
Ahora, la madre de Pamela y Paula es el ángel que lleva un mensaje de fortaleza y fe a quienes también atraviesan por momentos no tan gratos.
“Al principio lloraba mucho y quería regresar porque extrañaba a mi hija y a mi familia. Eso sí, decidí aprovechar todo lo positivo que he encontrado a mi paso, y cada día me supero más a mí misma”. En Europa encontró gente que, por su buena vibra, la acogieron y continúan apoyándola y admirándola.