Dónde está fórmula?
Junio de 2026 dejó en evidencia que, en República Dominicana, la política de combustibles no responde al mercado; responde a la conveniencia. Mientras afuera el WTI baja entre US$ 2 y US$ 3, situándose cerca de US$ 69.50 el barril, aquí no cedió ni un centavo. Al menos seis países de la región ya han aplicado rebajas, mientras a nosotros nos “premian” con el combustible más caro de la zona.
El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes mantuvo congelados los precios todo el mes, como si el país viviera aislado de la lógica económica.
El dólar acecha los RD$ 58.75 y el petróleo sucumbe, pero nuestros precios, rígidos como el mármol, se sostienen adornados con retórica técnica. Gasolina Premium a RD$ 338.10 y Regular a RD$ 305.50. Y, por si fuera poco, la realidad en las bombas se vuelve más indignante: al pagar con tarjeta aparece un cobro adicional de 7 pesos por galón. Los dueños de estaciones se niegan a asumir el pago con el verifón. Vamos para atrás, como el cangrejo: de vuelta a los tiempos del efectivo, arriesgado nuestra integridad; carnada para los atracadores.
No olvidemos los subsidios: esos entre RD$ 250 y RD$ 300 millones semanales destinados a “amortiguar” golpes anteriores. La baja internacional no llega al bolsillo dominicano porque el Estado la confisca para saldar sus cuentas viejas. El consumidor de hoy está pagando lo que el Gobierno empeñó ayer. Es un ciclo perverso: cuando el crudo sube, el ciudadano es el primero en la fila para pagar el golpe; cuando baja, el alivio se pierde en el laberinto de las oficinas oficiales.
No hay excusas que valgan. EL conflicto Irán–Israel, tuvo picos de tensión, sí, pero América Latina no sintió impacto directo en rutas ni suministros. La “estabilidad”, convertida en un dogma de papel, está asfixiando la economía real. El impacto: salarios apretados, la canasta básica por las nubes y un transporte con un aumento en 47 rutas, castigando al ciudadano de a pie.
¿Qué hacer?
República Dominicana exige una política que respete al que trabaja. ¿Por qué no usar la lógica? Si el petróleo baja afuera, tiene que bajar aquí con la misma rapidez con que nos lo suben. Si el dólar se enfría, el ticket debe aligerarse. Y si hay subsidios, que se expliquen con números reales.
No olvido a aquel chofer de concho en la Zona Colonial que, mientras escuchaba en la radio que el petróleo caía en el mundo pero que aquí los precios subían, me dijo: “Doña, aquí la gasolina es como el mal de ojo; que solo sube y nunca se quita”.
Nos han acostumbrado a una “estabilidad” que solo es estable para el recaudador, pero volátil para el que intenta llenar un tanque. Es hora de que la fórmula deje de ser un secreto de Estado, guardado bajo siete llaves, y se convierta, por fin, en un acto de justicia aritmética.