Eran las 12 del mediodía cuando se desmontó del Mercedes Benz blanco aquella morena impactante, ataviada de un vestido estampado con colores fuertes: naranja, amarillo y blanco, los cuales por el contraste de los rayos de sol y el color de su piel resplandecían. Toda una diva exótica.
Cuando la recibí, me causó muy buena impresión. No era bonita, pero si muy simpática y graciosa. La primera pregunta que me hizo fue que si en realidad el presidente estaba totalmente ciego. A la vez, me decía que ella lo admiraba mucho por ser un paladín de la democracia y no permitir que República Dominicana se convirtieron en otra Cuba.
Cuando llegamos al antedespacho, ella se sentó por un momento y el general me pidió que entrara donde el presidente. El había escuchado algunas de sus canciones, pero hacía muchos años y no recordaba ninguna, y me cuestionaba si yo conocía alguna y qué canciones nuevas interpretaba.
Le dije que así rápido me recordaba de un tema titulado «Burundanga». Me pregunta que de qué se trataba y yo le canté un estribillo: «Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga, le echó burundanga y le hinchan los pies». “Pero eso es un trabalenguas” me espetó y lanzó una carcajada.
Le digo, pero ahí no para la cosa: al final de canción preguntan por qué cada uno le dio al otro: “Por qué fue que Songo le dio a Borondongo?, por qué Borondongo le dio a Bernabé?, por qué Bernabé le pegó a Muchilanga?, por qué Muchilanga le echó burundanga?, por qué burundanga le hinchan los pies”. Las carcajadas del mandatario se escuchaban lejos.
Entonces fui a buscar la visita distinguida y cuando iba a salir del despacho me devolví a decirle que en todas sus presentaciones utilizaba una frase simbólica: “Azúcar”. Que era como ella misma se definía.
La guarachera entró al despacho y encontró a un Balaguer aún riéndose. Yo me quedé dentro y lo primero que ella le dice es que él era “un estandarte de la democracia”. Pero el lejos de eso, seguía riendo de vez en vez.
El presidente le expresó su admiración a la artista y que sabía que vivía en el exilio. Pero hacia apenas días de que Balaguer se había reunido con el líder cubano en Caracas, y le dijo claramente: “le cuento algo: yo me llevo muy bien con el comandante Fidel Castro”.
La salsera palideció y le expresó todos los artistas y personas que salieron por culpa del régimen comunista. Esta situación provocó que fuera concluyendo la entrevista de manera suave, pues apenas duró unos 15 minutos.
Cuándo se va a despedir, Balaguer le agradece mucho su visita y le reitera su admiración, despidiéndola con una frase: “usted es precisamente lo que propaga: “Azúcar”. Y ambos lanzaron unas carcajadas.
Esas salidas de Balaguer eran las que desarmaban a amigos, opositores y hasta enemigos. Siempre tenía la frase que ellos querían escuchar y se iban felices y encantados de haber estado a su lado.