El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta el aprendizaje, la comunicación y la interacción social en las personas.
El diagnóstico usualmente se realiza en los primeros años de vida y requiere la participación tanto de profesionales especializados como de familiares.
Al tratarse de una condición permanente, se manifiesta a lo largo de todo el ciclo vital y dificulta genuinamente la integración de la persona en entornos que, para la mayoría, resultan típicos, como el colegio, espacios comunitarios o el hogar.
Ante esta realidad, el Análisis del Comportamiento Aplicado (Applied Behavior Analysis o ABA, por sus siglas en inglés), es una de las intervenciones más eficaces y recomendadas para los niños con este diagnóstico.
Es una disciplina científica basada en los principios del aprendizaje y el comportamiento. Su enfoque consiste en observar, analizar y modificar conductas específicas mediante técnicas sistemáticas, con el fin de desarrollar habilidades funcionales, académicas y sociales, así como reducir conductas que limitan la adaptación y el desarrollo integral.
Una de las estrategias de modificación conductual que se utiliza en ABA es el reforzamiento positivo, el cual busca que conductas apropiadas se repitan de manera natural luego de recibir validación en el entorno del consultorio.
Por ejemplo, cada vez que mi estudiante “guarda” el material en su lugar y recibe una retroalimentación verbal positiva (“¡buen trabajo!”, “¡lo lograste!”) se refuerza la conducta de cumplimiento de instrucciones. Es decir, aumenta la probabilidad de que ante la instrucción “guarda” en otros entornos y con otras personas, el estudiante lo haga.
Diversas investigaciones han documentado la efectividad del ABA en la intervención con niños diagnosticados con autismo. Un ejemplo es la realizada por Frolli et al. (2017), en la cual describen el caso de un niño con autismo que, tras recibir una intervención ABA basada en modelado, señalamiento y reforzamiento, mostró mejoras sustanciales en la conducta de “compartir con sus amigos”.
El progreso alcanzó niveles comparables a los de sus compañeros, lo cual facilitó su integración en el aula regular y fue valorado positivamente por los docentes.
Estos resultados se suman a la evidencia que posiciona al ABA como una intervención respaldada científicamente y muy recomendada por profesionales con experiencia en autismo y otros trastornos del neurodesarrollo, tanto para la enseñanza de habilidades básicas como para la modificación conductual.
El Centro de Estudios e Intervención de la Conducta de la Universidad Iberoamericana, Unibe (CESIC), cuenta con la Unidad-ABA, dedicada a brindar servicios de intervención conductual a niños y niñas de 2 a 8 años con diagnóstico de neurodesarrollo o trastorno de conducta.
Su objetivo es garantizar acceso a terapias de calidad a costos asequibles, promoviendo altos estándares éticos y profesionales basados en el análisis del comportamiento aplicado.
CESIC desempeña, además, un papel esencial ofreciendo atención especializada, acompañamiento a familias y formación continua para profesionales. La Maestría en ABA de esta casa de altos estudios, rigurosa y alineada con estándares internacionales, refleja este compromiso.
Está demostrado que el ABA es una herramienta clave para potenciar el desarrollo integral de personas con autismo, favoreciendo su participación en la escuela, la familia y la comunidad. Mediante estrategias basadas en evidencia científica, facilita la adquisición de habilidades que promueven la inclusión real y significativa.
Apostar por el ABA significa apostar por una educación inclusiva, una atención centrada en la persona y por una sociedad que valore y reconozca la diversidad en todas sus expresiones.
Sobre la autora
La licenciada Maddy A. De Los Santos Celado es psicóloga clínica y terapeuta conductual con maestría en Análisis del Comportamiento Aplicado