Hablar de depresión no es fácil. A veces ni siquiera sabemos que la estamos sintiendo, solo notamos que algo no está bien, que el mundo ya no se ve igual y que dentro de nosotros hay un peso que no se va. Quiero escribir esto no como experta, sino como alguien que ha sentido lo que muchos sienten y que sabe lo difícil que es ponerlo en palabras.
La depresión no siempre llega de golpe. A veces es silenciosa, se va instalando poco a poco en tu vida hasta que te das cuenta de que ya no tienes energía para las cosas que antes te emocionaban. Te despiertas cansado, como si no hubieras dormido en días, aunque hayas pasado horas en la cama. Todo se vuelve más lento: moverte, pensar, incluso hablar.
No es simplemente estar triste. La tristeza viene y va, pero la depresión se queda, se instala como una sombra. Puedes estar rodeado de gente y sentirte solo. Puedes reírte de un chiste, pero por dentro sentir un vacío inexplicable. Es una sensación de estar desconectado de todo y de todos, incluso de uno mismo.
A veces se manifiesta en el cuerpo: dolores que no tienen causa, insomnio o dormir demasiado, falta de apetito o comer sin parar. Pero lo más difícil es cuando te empieza a hacer dudar de ti mismo. Te hace creer que no vales, que no importa lo que hagas, que todo esfuerzo es inútil. Y eso te paraliza.
Lo más confuso es que desde afuera, muchas personas ni se dan cuenta. Puedes estar cumpliendo con tus responsabilidades, ir al trabajo, estudiar, sonreír, y aun así sentirte completamente roto por dentro. Por eso es tan importante hablar de esto, porque hay muchas personas sufriendo en silencio.
La depresión no se cura con frases como «échale ganas» o «sal a distraerte». No es falta de voluntad, es una enfermedad real que necesita comprensión, acompañamiento y muchas veces ayuda profesional. No es debilidad pedir ayuda, al contrario, se necesita mucha fuerza para hacerlo.
Yo escribo esto porque creo que todos, en algún momento, necesitamos que alguien nos diga que no estamos solos. Que está bien sentirse mal y que buscar ayuda no es rendirse, sino empezar a sanar. La depresión no define quiénes somos, pero sí necesita ser reconocida, entendida y tratada con respeto.
Si estás pasando por algo así, quiero que sepas que, aunque ahora todo parezca oscuro, hay salida. No estás solo. Habla, comparte, pide ayuda. Hay personas que te escucharán. Y lo más importante: mereces sentirte bien, mereces vivir sin ese peso encima.
Por: Yameirys Acevedo.