Madres, padres y niños acudieron a la Alcaldía del Distrito Nacional con una sola misión: participar en la sexta edición del evento “Plásticos por Juguetes”.
Con fundas y sacos llenos de botellas, las familias buscaban conseguir el regalo ideal para sus hijos, manteniendo la alegría a pesar del sol radiante.
“Está bastante organizado y se comenzó antes del tiempo establecido”, expresó con optimismo Abigail, quien asistió junto a su esposo para llevar juguetes a sus tres hijos.
Karina Olmo llegó a las 4:30 de la mañana con la meta de conseguir bicicletas para sus dos nietas huérfanas de padre. “Mis nietas dependen de mí”, reveló la señora, subrayando el esfuerzo realizado por su familia.
La afluencia fue masiva; los ciudadanos llegaban en motocicletas, autobuses o caminando por la avenida George Washington. Algunos, como Desiré José Cabrera, llegaron desde el sábado para asegurar su lugar en la fila.
Según las reglas de la Alcaldía, el intercambio consistía en 500 botellas por una bicicleta y 200 por un juguete, con un límite de un artículo de cada tipo por cédula.
¿Qué hacen con los plásticos?
La alcaldesa Carolina Mejía informó que, tras seis ediciones de este programa y dos de “Plásticos por Escolares”, se han recolectado más de 33 millones de botellas plásticas.
“Hemos sacado de nuestras cañadas y ríos millones de botellitas, evitando molestias generadas por el cambio climático”, aseveró.
Los plásticos recolectados se entregan a fundaciones que los transforman en mobiliario urbano para parques y otros usos alternativos. Mejía aseguró que esperan reunir entre cuatro y siete millones de botellas adicionales en esta edición.
El programa «Plásticos por Juguetes», impulsado por la Alcaldía del Distrito Nacional, va más allá de la simple entrega de regalos. Es una iniciativa con un impacto amplio que afecta lo ambiental, lo social y lo educativo.
La recolección de millones de botellas plásticas, más de 33 millones según las cifras oficiales, tiene beneficios tangibles para la infraestructura de la ciudad.
Al retirar el plástico de las calles y cañadas, se evita que los imbornales y sistemas de drenaje se tapen durante las lluvias.
Gran parte del plástico de Santo Domingo termina en el río Ozama y, eventualmente, en el Mar Caribe.
Este programa intercepta los residuos antes de que contaminen el ecosistema marino.
El material recolectado no va a la basura común; se entrega a fundaciones que lo transforman en mobiliario urbano, como bancos y juegos para parques, dándole una nueva vida útil.
Los niños aprenden que «limpiar» su entorno les otorga un beneficio, lo que crea una cultura de reciclaje desde temprana edad e involucra a familias enteras en una logística de recolección que dura semanas o meses antes del evento, convirtiendo el reciclaje en un tema de conversación en el hogar.
Para muchas familias de escasos recursos, adquirir una bicicleta o un juguete de calidad puede representar una carga económica difícil de asumir.