La historia de la humanidad puede escribirse en términos de su búsqueda de recursos para el sustento y desarrollo de sus actividades productivas. Ha sido un esfuerzo continuo desde la aparición de los primeros ejemplares de nuestra especie en el planeta. Lo que ha cambiado a lo largo del tiempo son las características específicas de los recursos buscados y los métodos utilizados para conseguirlos.
En etapas primitivas, la tierra, el agua y los animales para la caza determinaron las migraciones periódicas de la población nómada influidas por el clima, siendo más adelante reemplazadas por prácticas agropecuarias que permitieron establecer asentamientos permanentes. Tiempo después, el intercambio de productos confirió valor a los lugares ubicados en puntos geográficos estratégicos en las rutas de transporte, haciendo posible trascender la disponibilidad local de bienes, al añadir por medio del comercio productos provenientes de otras localidades.
Los avances tecnológicos fueron modificando el alcance y la forma de la producción, ampliando la disponibilidad de bienes y reduciendo la estacionalidad de la oferta. La urbanización y el empleo de medios sistemáticos de producción dio paso a la aparición de excedentes que podían ser intercambiados por bienes procedentes de otras localidades.
En ese sentido, el comercio liberó al consumo de bienes de su anterior dependencia del acceso directo a los recursos productivos, facultando a las agrupaciones humanas consumir bienes producidos por otras agrupaciones ubicadas en demarcaciones geográficas distintas, tan distantes como los medios de transporte lo permitieran.
Vista de esa forma, la posibilidad de comerciar hace innecesario poseer los recursos productivos utilizados para elaborar los bienes consumidos por una comunidad. Basta que sean otras comunidades las que los produzcan y que sea posible adquirirlos de ellas.
Pero a pesar de esa aparente posibilidad, la realidad que prevalece en el mundo es muy diferente. Las naciones compiten por tener acceso a los recursos, mucho más que a los bienes producidos con ellos.
Los chinos son un ejemplo de esa situación, habiéndose dedicado a obtener concesiones de otros países para extraer minerales, explotar bosques, construir instalaciones portuarias y asegurar el acceso a fuentes de energía. Y lo vemos también en el interés de los EE.UU. por Groenlandia y el petróleo venezolano.
Ese comportamiento pone de relieve que cuando el comercio está supeditado a criterios basados en rivalidades políticas y militares, la racionalidad económica es insuficiente para determinar cuáles decisiones serán tomadas.