Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio
La situación actual del mundo, marcada por la violencia, las guerras y los odios que se manifiestan en distintas naciones, nos obliga a mirar con mayor profundidad el rumbo de la humanidad. Estos conflictos entre pises, muchas veces son el reflejo de corazones endurecidos, que sobreponen intereses que olvidan la dignidad de la persona y de sociedades que han perdido el sentido de la fraternidad. La Cuaresma llega como un tiempo oportuno para revisar nuestra manera de vivir y de relacionarnos con los demás. Es una invitación a recuperar valores que parecen debilitados, como el respeto, la misericordia, el diálogo y la solidaridad. Cuando el ser humano vuelve a reconocer al otro como hermano, comienzan a abrirse caminos verdaderos de paz.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.