Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.mmaza@belenjesuit.org
Primero decide el pasaje a meditar. Busca un lugar tranquilo en el que puedas leer respetuosamente la Palabra de Dios. Haz un alto y cae en la cuenta de que estás delante de Dios que te ama te busca y desea entablar una relación de amistad contigo. Jesús se presenta así en el Apocalipsis: “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entraré en su casa a comer, Yo con él y él conmigo” (3,20).
Segundo, pídele al Señor con humildad y confianza, lo que consideras que necesitas. Jesús le dijo a la samaritana: “¡Si tú conocieras el Don de Dios! Si tú supieras quién es el que te pide de beber, tú misma me pedirías a mí. Y yo te daría agua viva” (Juan 4,10). Si te distraes, al retomar la oración, puedes repetir la petición. Si nace en ti una nueva petición al calor de la oración, hazla.
Tercero, disfruta el pasaje bíblico. No es leer mucho, es sentir y gustar internamente. Un bocado saboreado te alimenta más que todos los supermercados del mundo.
Cuarto, allí donde lo consideres oportuno, detente, relee, repite las palabras o frases una y otra vez, imagina lo que estás leyendo, considera esa gran verdad que propone el pasaje que meditas, escucha con apertura el llamado que resuena en la Palabra que lees, déjate iluminar por esa luz para tu vida, para la sociedad. Alaba y da gracias al Padre, el único que puede apelar a lo que hay de más noble dentro de ti, Él te ha creado, te ha recreado en Cristo, y te llama, te espera, te conoce como nadie y te atrae mediante las inspiraciones del Espíritu Santo. Con confianza, conversa con el Señor, dile cualquier cosa que te venga a la mente o a tu corazón, pídele con confianza lo que necesites, habla con el Señor como hace un amigo con otro amigo. Su amistad es más dichosa, seria y vieja que el amanecer de la primera aurora.
Ora con el corazón que tienes, no con el que quisieras tener. En la oración, el Señor nos encuentra donde estemos, así sea dentro del vientre de una ballena. Permaneciendo en su Palabra, conocerás la verdad y la verdad te hará libre (Juan 8, 32).