En un sistema educativo, la calidad del personal docente es imprescindible para obtener los fines, principios y objetivos que el sistema postula, y que los egresados del mismo estén en capacidad de insertarse en la sociedad de manera eficiente.
La sociedad de hoy, con los avances vertiginosos experimentados, ha transformado no solo los procesos económicos y sociales, sino la forma de pensar y actuar de los ciudadanos.
El profesor del país debe tener un amplio dominio de conocimientos, las habilidades para buscar nuevas informaciones y mantenerse actualizado. Estar al tanto de los acontecimientos mundiales del momento y su incidencia en nuestro país. Debe poseer el dominio de estrategias que les permitan promover en los estudiantes las competencias requeridas para ser eficientes, y con la formación para un manejo adecuado en su comportamiento en lo personal y en lo social.
El estudiante de esta nueva sociedad debe desarrollar un pensamiento lógico, capacidad crítica, capacidad de innovación y capacidad para acceder a nuevas informaciones, discriminarlas y extrapolarlas en la solución de problemas. Debe poseer una actitud para aprender durante toda la vida e interactuar en sana convivencia de respeto y tolerancia.
El país hoy requiere de una transformación de la educación que forme ciudadanos para esta nueva sociedad, pero nos preguntamos ¿contamos hoy con los profesores en los diferentes niveles que puedan participar de manera eficiente en esa transformación educativa? Considero que no. Y no se observan lineamientos claros del gobierno para resolver esta situación.
El profesor hoy se está formando para responder a una sociedad ya superada. La mayoría aplica estrategias de aprendizaje por ensayo y error, ya que no dominan la neurociencia, y por lo tanto como se producen los aprendizajes en el cerebro.
A pesar de los diferentes intentos que se han aplicado en el país para superar esta situación, eso no se ha logrado. Entre los últimos intentos vemos el uso de tecnologías digitales y la enseñanza a distancia, pero el mismo no ha contado con los requerimientos de esta modalidad, en cuanto al diseño curricular pertinente, el poco dominio de los profesores para un uso efectivo de las mismas, la deficiencia de conectividad principalmente en el interior del país y la poca disponibilidad de los estudiantes de los dispositivos necesarios.
Considero urgente que el gobierno asuma una transformación significativa en la formación de los profesores, usando estrategias de manera consensuada.
Como intento de ayudar en ese objetivo, me permito sugerir algunas medidas de inicio, las cuales deben ser evaluadas y superadas de manera continua. Entre estas, cito las siguientes:
1. Diagnosticar a través de diferentes acciones las necesidades de una nueva formación de nuestros estudiantes en los diferentes niveles educativos.
2. Rediseñar un programa de formación docente que incluya: un currículo que permita formar a los estudiantes para la sociedad de hoy, establecer reglamentaciones y requisitos para el ingreso a las carreras de educación; así como a los profesores que imparten docencia en el mismo y las condiciones de los centros para su aplicación. El nuevo programa debe elaborarse en acción conjunta entre el MINERD y el MESCYT con la participación de especialistas en las diferentes áreas.
3. Desarrollar un amplio programa de capacitación a los profesores en servicio que incluya: conocimiento del nuevo currículo, dominio del uso de las tecnologías digitales y de la inteligencia artificial, y dominio de estrategias innovadoras y motivadoras, usando como apoyo las tecnologías.
4. Aplicar durante dos años el programa de becas internacionales del MESCYT en universidades extranjeras de prestigio, a profesores que participan en la formación docente, tanto en el sector público como privado.
5. Crear incentivos y reconocimientos a las instituciones que demuestren a través de la eficiencia de sus egresados que han logrado cambios sustanciales.
Por último, reitero, que, sin la transformación de la formación docente, no puede desarrollarse una transformación real del sistema educativo.