Pimentel debe ser el pueblo con los ciudadanos más buenos y benevolentes que hay en República Dominicana.
Esta teoría no necesita muchas pruebas: desde hace unos seis años, esta localidad del nordeste ha perdido casi todo, porque no tener calles es sinónimo de retroceso, abandono, ruina, malestar, enfermedades, caída del comercio, porque ¿quién hace negocios en un pueblo donde se entra con el vehículo en buenas condiciones sin saber cómo saldrá?

Aun así, el pueblo ha sabido esperar. Las huelgas por mejoras de las calles han sido pocas, porque la gente lo que quiere son soluciones, pero al parecer, la falta de ruido hace que las autoridades, incluyendo algunas locales, miren hacia otro lado. Eso es más doloroso.
Una lógica en la vida es que el que se porta bien, recibe buen trato, pero allí sucede lo contrario.
De acuerdo a comunitarios, son dos las empresas que hay a cargo de las vías, es decir, actualmente hay más personas asignadas que calles en buenas condiciones. Y esto causa indignación.
¿Cómo se le explica a un pueblo tan bueno, tan tranquilo, que hace tres años una empresa llegó a trabajar con el asfalto y no se puedan contar al día de hoy las calles terminadas?
¿Cómo se le explica a este pueblo que otra empresa tiene la responsabilidad de tres calles desde hace unos meses y ahora estas vías están en peores condiciones?

No es digno ni justo que un regidor tenga que arrodillarse para pedirle al presidente de la República que acuda solo al pueblo para que vea la miseria en la que está, que el comercio está en el suelo, que la gente está enferma, ¿no hay confianza en nadie más que Luis Abinader para solucionar un problema de seis años? Pues parece que no.
Lo mínimo que Pimentel merece es una explicación clara de lo que pasa, una mano de aliento. Ha habido mucha paciencia hacia las autoridades, y el resultado es una aparente indiferencia.
En los últimos seis años Abinader ha ido a Pimentel unas cuatro veces. Una de ellas fue la inauguración de la emergencia del Hospital Felipe Javier Achécar. Cuando se entreguen las calles la fiesta será grande, pero para celebrar primero hay se deben cumplir las promesas que esperan en los hoyos, el lodo y el polvo.