Apelando a lo “real maravilloso”, Alejo Carpentier retrató la realidad haitiana (“El reino de este mundo”) subyacente desde antes de la fundación de la república; como también otras obras literarias se atrevieron a describir una realidad imposible de explicar desde la lógica, la racionalidad y el cartesianismo, pero, que encuentra razón y explicación en la poesía, la literatura o el misticismo. “Gobernadores del rocío” (Jacques Roumain), “Hadriana en todos mis sueños” (René Depestre) o “La serpiente y el arcoíris” (Wade Davis), son algunos de los trabajos que hay que leer para tratar de entender “algo”.
Lo dicho. Que más allá de los análisis de los muchachos de Langley, los reportajes de la prensa occidental, la opinión experta de teóricos de gabinete o la profusión de opiniones, testimonios, videos, fotografías o estudios, la literatura describe los elementos constitutivos de una realidad que no encuentra explicación desde la racionalidad.
Haití está en donde siempre ha estado. La historia está ahí, como una terca línea que comenzó en un pasado remoto –en una ceremonia en Bois Caïman, y, aún antes, en el sueño de Makandal– y discurre en un único sentido hasta el presente, hasta el reino del terror de las pandillas que controlan Puerto Príncipe.
Una historia que permite entender el presente que vive la Fuerza de Supresión de Pandillas (FSP) en su lucha contra ellas; el secuestro de los cuatro técnicos salvadoreños, que más que casus belli, ha sido la “justa causa” que ha movilizado tropas de Bukele en el terreno; el alcance limitado del mandato keniata; privatización de la lucha contra las pandillas por parte del “gobierno” haitiano y su tercerización hacia Versus Global (con autogestión de cobro en las aduanas, incluida); elecciones que se suspenden y nunca llegan; un gobierno que nadie votó y eligió; y un Estado desintegrado, sostenido por la cooperación y la farsa internacional. Algo así como un enfermo sobre una camilla que nadie se atreve a dejar caer, para que no quede en evidencia que el paciente hace tiempo que está muerto.
Mientras, del otro lado del muro (sí, del muro) el ejército está presente, y el Estado dominicano muestra presencia, prudencia, distancia, pero también solidaridad y apoyo. La puesta a disposición del gobierno salvadoreño de todas nuestras facilidades logísticas (como a la FSP) ratifica nuestro compromiso de ayudar a la estabilización de Haití.
Que Daniela Kroslak, jefa de la Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas en Haití (UNSOH) afirme ante Ramón Pérez Fermín, viceministro de Gestión y Operaciones del Servicio Exterior –en representación del canciller Víctor “Ito” Bisonó– que el apoyo que brinda República Dominicana a la ONU –y a los países que participan en la pacificación de Haití– es “absolutamente esencial”, evidencia que, frente a la crisis en Haití, el gobierno de Luis Abinader está del lado correcto de la historia. Sigamos ahí.