El liderazgo político tradicional del país atraviesa por una decadencia irreversible, lo cual ha seducido a un ejército de jóvenes dirigentes lanzarse al ruedo partidario para encabezar la boleta electoral en los comicios presidenciales, legislativos y municipales de 2028. Es un relevo generacional que no había adquirido tanta dimensión en esta etapa de vida democrática, pero que siempre ha causado profundas divisiones en las principales fuerzas políticas.
Los vientos soplan ahora con igual intensidad en los partidos que han gobernado las últimas dos décadas: el de la Liberación Dominicana (PLD), fundado en 1973, y el Revolucionario Moderno (PRM), fundado en 2014 tras la división del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Sus principales figuras, el expresidente Danilo Medina, y el presidente Luis Abinader tienen impedimentos constitucionales para aspirar a la Presidencia, mientras el expresidente Hipólito Mejía pasó la antorcha. En el caso de Fuerza del Pueblo, transita por otros caminos.

Este fenómeno comenzó a preocupar el mundo político dominicano desde finales del siglo pasado, cuando las tres principales organizaciones que dominaron el espectro electoral a partir de 1963, los partidos Reformista Social Cristiano (PRSC), Revolucionario Dominicano (PRD) y PLD enfrentaron profundas dificultades para establecer el reemplazar de sus líderes históricos Joaquín Balaguer, José Francisco Peña Gómez y Juan Bosch, cayendo en fratricidas divisiones y derrotas que los mantienen fuera del poder.
En efecto, el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y Balaguer, que desde 1966 gobernaron de manera absoluta por 22 años no consecutivos (1966-1978 y 1986-1996), fueron derrotados en las adelantadas elecciones de 1996 y jamás han vuelto al Palacio Nacional. Su líder estaba imposibilitado constitucionalmente de aspirar a la reelección en esos comicios.
La debacle del PRSC se precipitó cuando el vicepresidente Jacinto Peynado ganó la candidatura presidencial por encima de la voluntad de Balaguer y su séquito, que favorecían al canciller Carlos Morales Troncoso. En el partido colorao se desataron todos los demonios y la división lo lanzó a un lejano tercer lugar, del cual no se levantaría ni siquiera cuando su líder intentó restaurar la “maquinaria colorá”, asumiendo por última vez la candidatura presidencial en las elecciones del año 2000.
Balaguer murió dos años después, el 14 de julio de 2002, a los 95 años de edad. A partir de ese aciago momento la dirigencia que debió asumir el relevo político del exitoso partido fundado en 1964, se sumergió en un abismo de diatribas y divisiones, que no lograron sortear ni Peynado ni Morales Troncoso ni Eduardo Estrella ni Amable Aristy Castro ni Rafael Bello Andino ni Federico Antún Batlle y compartes. Por el contrario, empujaron al PRSC hacia el ostracismo social y al grupo de los minoritarios.
Su archirrival PRD transitó también por senderos convulsos. Desde los tiempos de Bosch, cuando triunfó en las primeras elecciones democráticas de 1962, tras el ajusticiamiento del dictador Rafael L. Trujillo, las confrontaciones fueron evidentes y se tornaron más complejas tras su derrocamiento por un golpe militar en 1963. La escalada continuó con el fracaso electoral de 1966, cuando el profesor Bosch fue derrotado por Balaguer en unas cuestionadas elecciones.

Al final, el líder perredeista renunció de su partido en medio de grandes contradicciones internas, para formar el PLD en 1973. Pero no volvería jamás a ocupar la jefatura del Estado. En cambio, los perredeistas continuaron con sus tendencias divisionistas. Peña Gómez asumió el relevo de Bosch y no volvieron a participar en otras elecciones hasta doce años después de la derrota de 1996. Lograron el milagro contra viento y marea al derrotar en 1978 a Balaguer, con Antonio Guzmán como candidato presidencial. Repitieron la hazaña en 1982 con Salvador Jorge Blanco como candidato.
Sin embargo, el partido de la bandera blanca y el “jacho prendío” volvió a profundizar la lucha fratricida entre sus principales líderes, involucrando al propio Peña Gómez. Así perdió las elecciones de 1986 con Jacobo Majluta como candidato, dando paso al regreso de Balaguer y el PRSC, que gobernarían durante dos décadas. O sea, que como “Chacumbele” los perredeistas ellos mismos se mataron, impidiendo que su líder histórico llegara a la presidencia de la República, a pesar de erigirlo como candidato único en los comicios de 1990, 1994 y 1996.

Cuando Peña Gómez falleció el 10 de mayo de 1998 siendo candidato a alcalde del Distrito Nacional, una posición que ya había ocupado en el período 1982-1986, el PRD logró otro milagro al ganar sorpresivamente las elecciones legislativas y municipales del 16 de mayo de 1998, y las presidenciales del 2000 con Hipólito Mejía como candidato. Pero ni Mejía ni el presidente del partido a la sazón, Hatuey De Camps, ni la vicepresidenta Milagros Ortiz Bosch ni Miguel Vargas ni Ramón Alburquerque ni Vicente Sánchez Baret ni ningún otro dirigente en la ocasión fue capaz de asumir el relevo.
La vorágine interna que caracterizó la prolongada existencia del PRD desde su fundación en 1939 volvió por sus fueros con más ímpetu facilitando las derrotas sucesiva en las elecciones de 2004, con el presidente Mejía obstinado en su reelección, así como en las de 2008, con Miguel Vargas como candidato despreciado por sus propios compañeros, y en los comicios de 2012, con Mejía de vuelta a una candidatura atípica. Hasta que la debacle definitiva del partido de la “esperanza nacional” lo sorprendió en 2014, para dar paso al PRM.
Al fin y al cabio, el PRD se convertiría en un partido bisagra, al igual que PRSC, y apoyó a su archirrival PLD en las elecciones de 2016 y 2020. En su última experiencia electoral de 2024, con su presidente, el empresario y político Miguel Vargas como candidato presidencial, cayó al rango de partido minoritario tras obtener un pírrico 0.45% de los votos, y hoy se debate entre la vida y la muerte.
El caso más reciente de tropiezos en la renovación del liderazgo, aunque con matices diferentes, lo vive el PLD. Tras permanecer, primero, más de dos décadas de participación política con el profesor Bosch, como candidato presidencial único en las elecciones de 1978, 1982, 1986, 1990 y 1994, llegó sorpresivamente al poder en 1996, con Leonel Fernández encabezando la boleta del Frente Patriótico, que conformó el partido morado y la estrella amarilla, junto a Balaguer y el PRSC, para derrotar a Peña Gómez en la segunda vuelta electoral.
No obstante, el partido morado salió del poder al perder las elecciones del 2000, con Danilo Medina como candidato, quien no contó con el apoyo de Balaguer. En estas circunstancias y tras el fallecimiento de Bosch el 1 de noviembre de 2001, a los 92 años, comenzaron a evidenciarse debilidades para articular sin trauma un modelo diferente de relevo generacional, encarnado principalmente por Fernández y Medina.
Aunque triunfaron nueva vez en las elecciones de 2004 y 2008, con Fernández como candidato, los fraccionamientos en las estructuras internas del peledeismo eran evidentes. Ya para las elecciones de 2012 y la aprobación de una nueva Constitución en 2010 que prohibió la reelección consecutiva, Medina logró imponer su candidatura en medio de la resistencia de seguidores del entonces presidente Fernández. La cúpula del PLD se vio precisada a imponer un acuerdo que garantizara el triunfo y mantener el poder, enfrentando de nuevo a Hipólito Mejía y el fraccionado PRD.
Pero tres años más tarde la sangre del boschismo comenzó a llegar al río, cuando el presidente Medina y su mayoritario Congreso Nacional modificaron la Constitución, para imponer la reelección presidencial del mandatario. Dejaron principalmente boquiabiertos a Leonel Fernández, presidente del PLD, y sus seguidores, que abrigaban la idea de que ahora era su momento. Finalmente, en medio de tratativas, la reelección se impuso.

Los ánimos volvieron a caldearse en el PLD al llegar de manera subrepticia el proceso interno para elegir el candidato presidencial de 2020, matizado por nuevos intentos de modificar la Constitución para una nueva reelección. Entonces Fernández y sus seguidores encabezaron protestas frente al Congreso Nacional, que fue militarizado, hasta que Medina negó tales pretensiones, Sin embargo la tensión en el peledeismo sobrepasaron todos los límites cuando el empresario Gonzalo Castillo, con el respaldo del presidente Medina, venció a Fernández en las primarias de octubre de 2019.
La división fue inminente. Fernández alegó fraude pese al veredicto de la Junta Central Electoral (JCE) y decidió empacar sus maletas, para fundar Fuerza del Pueblo (FP). O lo que es lo mismo, al igual que en el PRSC y PRD, ni Leonel Fernández ni Danilo Medina ni Jaime David Fernández Mirabal ni Rafael Alburquerque ni Reinaldo Pared Pérez ni José Tomás Pérez ni Margarita Cedeño ni los cientos de altos dirigentes discípulos de Bosch pudieron mantener inmaculado el legado de su maestro y guía.