El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, se disponía a informar al país sobre el balance de víctimas dejado por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a esa nación sudamericana este lunes cuando las cámaras captaron unos segundos que terminarían convirtiéndose en noticia.
Antes de comunicar en una rueda de prensa la cantidad de personas fallecidas y heridas por el siniestro, el mandatario fue visto saludando, sonriendo, hasta lanzando besos, gestos que para muchos resultaron poco apropiados para la gravedad del momento. Como era de esperarse, el video se hizo viral y recibió muchas críticas.
Más que juzgar sus intenciones, el episodio me llevó a pensar en algo que quienes trabajamos con comunicación conocemos bien y es el hecho de que todo comunica. No solamente lo que decimos cuando abrimos la boca, también nuestra postura, la mirada, los gestos, los ademanes y hasta lo que hacemos segundos antes de pronunciar un mensaje importante.
Esto es aún más importante cuando una autoridad comunica una crisis de esta o de cualquier otra naturaleza. Quien recibe el mensaje no tiene acceso a nuestras intenciones, solo puede interpretar lo que ve y escucha, por eso un gesto puede terminar desviando la atención de aquello que realmente queríamos decir.
Hace falta tener conciencia del momento, del escenario y de lo que cada movimiento puede transmitir. No para convertir la comunicación en una actuación, porque no hablamos de llorar o de fingir un rostro empático, sino para evitar que nuestra intención termine diciendo algo distinto a nuestras palabras.
En República Dominicana también hemos visto funcionarios cometer pifias de comunicación que terminan opacando el mensaje que querían llevar. En estos tiempos en los que cualquier declaración puede convertirse en un video de pocos segundos, editado o cortado de cualquier manera, perder de vista el lenguaje no verbal es arriesgado.
En comunicación, la intención puede ser una, pero la percepción puede ser otra. Y cuando se está frente a millones de personas, esa diferencia puede costar muy caro.