En aquellos años donde la economía giraba en torno al azúcar –y no a zonas francas, exportaciones, minería, turismo, remesas e inversión extranjera–, el pitido de la caldera del ingenio se escuchaba a kilómetros a la redonda y era esperado por las comunidades adyacentes y todo el país, pues anunciaba que la zafra había empezado y que durante los siguientes meses de molienda habría trabajo 24 horas y el dinero correría sin parar.
Entonces, la gente esperaba la molienda porque cuando la catalina comenzaba a girar, ya la máquina no podía pararse (salvo un accidente), por lo que el tiempo de zafra era tiempo de bienestar y bonanza. El “tiempo muerto” era un periodo de crisis económica, desempleo, parálisis del comercio local, precariedades e incertidumbre… y un simple pitazo una mañana cambiaba el estado de ánimo de la gente, no sólo porque Haina empezaba a moler, sino porque la posibilidad de mejorías y cambios era real.
Como en aquellos años, la gente ayer esperaba que los decretos presidenciales salieran temprano. No deja de ser curioso cómo se había fijado en el imaginario colectivo la idea de que habría cambios sí o sí, sobre todo porque la institucionalidad no lo exige; pero ya sabemos que la costumbre también es fuente de derecho y que suple a la legalidad cuando las expectativas desbordan la realidad; cuando las aspiraciones generalizadas (dentro del partido y a nivel nacional) de la mayoría exigen cambios en el tren gubernamental; deseos que a su vez suponen –implícitamente– la idea de que el gobierno debe (y puede) mejorar, sobre todo en sus últimos dos años.
A mediodía de ayer, el fuego de los rumores quemaba por debajo. El de quién va para dónde, a quién quitaron, y a qué grupo pertenece el quitado o “ponido”.
Ese deseo de cambios tiene muchas lecturas, pues indica que la gente entiende que hay funcionarios que no funcionan y que hay cosas que no están bien; pero también dice que, políticamente, el 2028 llegó; que las designaciones son estratégicas de cara a la campaña interna y las elecciones nacionales; que Abinader estaba en la encrucijada de seguir igual hasta el final, dar un golpe de timón –haciendo un rebranding total– para relanzar el gobierno, o hacer cambios menores, cosméticos o puntuales.
Al cierre de este artículo, hay cambios en MIREX (el nombramiento de Ito es excelente y geopolíticamente oportuno), MIVHED, INTRANT, APORDOM, JAC (y se hizo justicia, Julio Peña), entre otros. Las designaciones han sido buenas, pues los nuevos titulares son personas preparadas, competentes y con experiencia… pero parece que vendrán más cambios. Con esos nombramientos, el presidente apuesta a fortalecer el partido y el gobierno. A lo interno, los Mejía controlaron la Secretaría General –sí–, pero parecería que David les cobró el precio y está colocando a los suyos.
La sirena sonó ayer y en Palacio comenzaron a moler… Veremos cuánto durará la zafra y qué tan productiva será.