El Gobierno dominicano sometió el presupuesto reformulado de 2025. De manera general, el presupuesto aumenta el déficit fiscal por un incremento del gasto público, el cual es parcialmente compensado por mayores ingresos estimados. Igualmente se aumenta el endeudamiento público. Esta modificación presupuestaria era esperada porque el gasto público que tenía el presupuesto 2025 era irreal.
El ajuste presupuestario implica el reconocimiento de que la economía está cuasi paralizada y es necesario aumentar el gasto público, en especial el gasto de capital. En efecto, se aumenta el gasto de capital (infraestructuras) en RD$35,548 millones (0.45% del PIB). Es técnicamente acertado aumentar el gasto de capital para incentivar el crecimiento económico. El reto será que las instituciones ejecuten de manera efectiva esos recursos adicionales en los últimos cuatro meses del año.
En adición, se está incrementando el gasto corriente en RD$34,192 millones (0.43% del PIB), de los cuales alrededor de RD$20,000 millones son para completar las transferencias que cubren el déficit financiero de las EDES. Estos fondos adicionales no representan gastos productivos pero ayudan a sincerizar el presupuesto vigente de 2025, que claramente estaba proyectando gastos por debajo de los necesarios.
Algo interesante del proyecto de ley de modificación presupuestaria es la manera de financiar el aumento del gasto. Tres fuentes se utilizan: aumento de ingresos (RD$36,000 millones o 0.45% del PIB), uso de disponibilidades de 2024 (RD$23,112 millones o 0.29% del PIB), y aumento de la deuda pública (RD$10,628 millones o 0.13% del PIB).
El aumento de los ingresos viene con la inclusión de recursos no gastados de otras unidades de gobierno como Ingresos Extraordinarios No Recurrentes para el Gobierno Central. Eso es presupuestariamente posible siempre que esos recursos provengan de recaudaciones propias de esas instituciones y no se hayan generado por transferencias del Gobierno Central a esas otras instituciones en años anteriores. A nivel consolidado, sería una transferencia intragubernamental de recursos dentro del Gobierno General Nacional.
La pregunta sería por qué estaban esos recursos ociosos (RD$36,000 millones) en cuentas bancarias sin gastarse desde 2020 a 2024 en momentos en que el Gobierno se endeudaba para financiar su gasto. A una tasa de interés de 7%, el Gobierno tuvo que pagar RD$2,500 millones anuales en intereses por endeudarse a pesar de tener esos recursos disponibles.
El uso de disponibilidades de 2024 se incluye en el presupuesto como financiamiento (por debajo de la línea) debido a que ya fueron registrados como ingresos o financiamiento en 2024. Aquí aplica la pregunta anterior: por qué estaban esos recursos ociosos (RD$23,112 millones) en cuentas bancarias sin gastarse desde 2024, especialmente cuando los informes presupuestarios de 2024 muestran que el gobierno gastó todo el dinero que le ingresó. Esto genera una hipótesis: habría erogaciones registradas como gastos por RD$23,112 millones, las cuales no fueron realmente gastos sino asientos contables que justificaran ese gasto y que se quedaron en cuentas bancarias.
El aumento de la deuda pública por RD$10,628 millones o 170 millones de dólares del presupuesto reformulado, es relativamente baja considerando que el gasto aumenta en RD$69,740 millones. El reto del gobierno es completar el financiamiento (colocar deuda para financiar el presupuesto 2025) en estos últimos cuatro meses del año. Queda pendiente financiar casi 1,800 millones de dólares más los 170 millones de dólares de nueva deuda del presupuesto reformulado. Esto implica que hay que emitir bonos o contratar préstamos con multilaterales por casi 2,000 millones de dólares en un año de mucha incertidumbre mundial. Esta situación pudo evitarse si se hubiese continuado con el programa de subastas mensuales de bonos domésticos del Ministerio de Hacienda.
El presupuesto reformulado recoge todo el dinero que el gobierno tenía en cuentas bancarias sin utilizarse y los usa para financiar el déficit de 2025. Esto es una medida correcta y rompe con la práctica extraña de registrar gastos sin realmente ser gastos y de endeudarse para guardar el dinero en cuentas bancarias.