Apreciado y amable lector, en la actualidad existe una cantidad inmensa de información en las redes sociales sobre la longevidad, que en esencia es la creencia ilusoria de que tenemos la capacidad de aumentar de manera significativa nuestros años de vida, porque aunque es cierto que si nos cuidamos de manera adecuada, tendremos la posibilidad de ser longevos, sin embargo, tampoco existen garantías de que eso será así, debido a que nuestra vida cotidiana es veleidosa, llena de imprevistos y calamidades.
Debemos diferenciar entre longevidad y la expectativa de vida, porque ya sabemos que la primera es la supuesta capacidad que tenemos de lograr alcanzar una larga existencia y la segunda consiste básicamente en el promedio de vida atribuido estadísticamente a una población determinada. Así, por ejemplo, en nuestro país en la actualidad es de 74 años para uno y otro sexo, según los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), aunque hace la salvedad de que nuestras mujeres viven en promedio cinco años más que los hombres. Nuestra expectativa de vida ha mejorado sustancialmente, pasando desde la década de los cincuenta del siglo pasado, que era de 46 años, hasta la cifra que acabamos de ofrecer. Y siempre manteniéndose la tendencia universal de que las mujeres suelen durar más que los hombres.
Para explicar lo anterior se han expuesto muchas teorías que parecen verídicas, pero en realidad son explicaciones novelescas y una percepción deformada de la realidad, como por ejemplo cuando Don Quijote cree percibir que molinos de viento son gigantes enemigos que le iban a atacar, de igual manera, parte de esas explicaciones sobre la ventaja que tienen las mujeres sobre el hombre con relación a la longevidad, entre otros motivos, suelen atribuirse a la mayor actividad hormonal de las féminas. Sin embargo, parece muy lógico y hasta «justo».

Y usted tendrá la primicia de saber cuál es ese motivo, y no solamente eso, sino que también vaticinamos que en las próximas décadas los hombres tendrán una mayor y mejor expectativa de vida, debido a que la verdadera causa de que las féminas duran en la actualidad más que los hombres, es sencillamente porque desde niñas aprenden a hacer de manera teatral lo que en psicología se denomina catarsis, del griego «katharsis». En su explicación más sencilla es «sacar fuera» de nosotros todo aquello que nos signifique una carga, o nos cause angustia, mientras que los niños suelen ser «educados» para que no se estén quejando por «cosas banales».
Eso era así hasta la década de los sesenta, cuando surgió el movimiento Hippie, el cual aunque ha sido injustamente denostado, en realidad no debe haber ningún prurito en asegurar que existe a nivel mundial un antes y un después de ese movimiento, aunque los descerebrados solo se han ocupado de destacar lo del sexo y el uso de drogas psicodélicas. Sin embargo, no han tenido la decencia de reconocer que la lucha de los Hippies contribuyó de manera significativa a poner fin a la guerra de Vietnam, y no solo eso, sino también a ir cambiando el predominio patriarcal.
Y ese precedente de ellos ha llevado a que, por ejemplo, los norteamericanos tuvieran que falsear la realidad para poder lograr el apoyo tanto de su pueblo como a nivel internacional, asegurando que los iraquíes poseían armas de destrucción masiva, y así lograron invadirlos. De esa irracionalidad se burlaba hasta Joselito, el limpiabotas del Hospital Central de las Fuerzas Armadas.
Nuestro mayor interés es destacar que a partir del movimiento Hippie los hombres aprendieron a hacer la catarsis, no tan solo en canciones y poemas, sino que la «mutación» ha sido tan grande, curiosa y llamativa, que podría afirmarse que en la actualidad los hombres hablan más que las mujeres -aunque no lo hagan en sus casas-, sí lo hacen en sus ligas deportivas, cafeterías y otros lugares más «curiosos». Y además, han hecho suyas otras «conductas femeninas», las cuales para fastidio suyo no me referiré a ellas.
Lo importante es que usted perciba que al cambiar la conducta del hombre, siendo más expresivo en la actualidad = catarsis, por eso vaticinamos que en un tiempo relativamente corto, la expectativa de vida de los hombres será axiomáticamente mayor que la de las mujeres.
En cuanto a la longevidad, compartiré con usted lo siguiente: El creyente verdadero no está pendiente sobre ese asunto que se está comercializando con mucha audacia en la actualidad, o sea, no está pendiente de cuántos años tiene, ni a cuántos años llegará, ni si luce viejo, ni se deja dominar de esas dietas «dictatoriales» que existen ahora, las cuales son auspiciadas por la «voraz» industria farmacéutica, debido a que las «enseñanzas» de comer sano -algo correcto y loable- suelen acompañarse de la indicación de un medicamento carísimo para adelgazar, desconociendo incluso en muchos casos tanto quien recibe la indicación, como quien la da, que la mayoría de estas sustancias contienen anfetaminas u otros químicos similares, razón por la cual en Estados Unidos, la administración para el control de drogas (DEA, por su sigla en inglés) los tienen «controlados», no solo por su capacidad para producir adicción con todo lo que eso implica, sino por los trastornos de conducta que podrían ocasionar, especialmente la irritabilidad y también paranoias.
Debemos aclarar que el creyente sincero no está preocupado por la longevidad debido a que sabe y cree que en la Biblia se promete lo siguiente: «Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón». (Eclesiastés 5:20).
Especialistas prestigiosos de Harvard, aseguran «ahora» que lo verdaderamente importante para favorecer la longevidad es caminar. Y lo expresamos de esa manera, debido a que hasta los lectores quisquillosos y gruñones saben que tengo años tratando de enseñar que caminar es lo mejor para favorecer la longevidad. Claro, no coincidimos con esos distinguidos «Harvadianos», porque ellos recomiendan un «montón de pasos» a la semana, mientras quien esto escribe sostiene que tan solo es necesario caminar 15 o 20 minutos, mínimo cuatro veces a la semana.
Y que lo mejor sería que lo hiciese en su hogar, en su habitación o en la sala, ligero de ropa y en especial que se hidrate mucho. Y que no compre esos productos carísimos para rebajar, porque aunque es cierto que funcionan, también existen todos los peligros expuestos anteriormente.
Conclusión: Deseamos que a partir de ahora usted no esté preocupado o preocupada por su posible longevidad. Y que disfrute sin temor a la muerte de las bellezas naturales de nuestro amado país, y que coma de manera sana, pero sin dejarse «seducir» por esas dietas dictatoriales y sádicas.
El autor es psiquiatra y general (R) del Ejército