“La guerra es la guerra”, decían los franceses (cuando sabían combatir). Parafraseando, cualquier economista diría, “la caja es la caja”… y hay que cuadrarla. En lo que la guerra en Irán ocurre, la incertidumbre nos acaba. No sólo el petróleo y sus derivados (gasolina, keroseno, GLP) suben, también el gas natural, fletes, seguros marítimos, –etc.–, impactando en el costo final de los hidrocarburos que consumimos.
El motor de la economía es el petróleo y un aumento en su precio genera un efecto inflacionario que incrementa la estructura de costos de todos los rubros, industrias y sectores, repercutiendo de inmediato en las finanzas de un país y la economía de la gente.
Así como Estados Unidos e Israel luchan contra Irán, el gobierno dominicano lucha contra lo inevitable. Más temprano que tarde los números dejarán de cuadrar, pues el incremento de la factura petrolera es la consecuencia lógica de una variable externa incontrolable: la guerra.
Ningún país, gobierno o presidente del mundo puede controlar la situación o actuar como si no existiera. Cuando el viento cambia de dirección o sopla fuerte, toca ajustar velas, ya sea para navegar más rápido, mantenerse a flote… o evitar hundirse.
A 13 días de iniciado el conflicto, tal cual dijo el filósofo urbano postmoderno, Bullin 47, “esto no se sabe dónde vayas a parar”.
Visto que el gobierno decidió el pasado viernes mantener la política de contención de precios de los combustibles –haciendo un sacrificio fiscal de RD544.8 millones–, de continuar la escalada alcista de precios; de concretarse las amenazas iraníes de encender el Medio Oriente y hacer que el precio del petróleo rompa récords; o, en el supuesto que el presidente Trump no pueda contener la incertidumbre de los mercados y el uso de reservas estratégicas de Occidente no compense el decremento de la producción, la disminución del flujo de los buques o el encarecimiento del transporte, (etc.), ¿hasta cuándo el gobierno se permitirá mantener –o podrá financieramente sostener– el subsidio total de los combustibles?
La situación es de fuerza mayor, y algunos países han comenzado a reflejar la realidad de la guerra en los precios de sus combustibles. En seis años de gobierno, Luis Abinader ha tenido que gestionar una pandemia mundial, la guerra en Ucrania, y la crisis inflacionaria derivada de esta. Ahora le toca enfrentar la guerra en Irán, un desafío inesperado, no buscado, planetario y de consecuencias imprevisibles.
Es necesario, imperativo y urgente que el gobierno aborde con transparencia, honestidad y firmeza, la necesidad de ajustar los precios de los combustibles; de la misma forma que es necesario que toda la sociedad asuma que, al igual que cuando la Guerra del Golfo (1990-1991), la realidad internacional no nos deja otra opción que no sea el entendimiento, la unidad, la comprensión y el sacrificio… Es lo correcto.