El 9 de agosto de 1994, me comunicaron que había una reunión importante en la Biblioteca República Dominicana, que estuviera temprano porque estaba pautada para las 7:00 p.m.
Cuando llego a las 5:00 pm, me entero de que la reunión era entre el presidente Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez, debido a la crisis electoral.
Para esa reunión se trasladó parte del mobiliario de la sala del tercer piso del Palacio Nacional, que era una réplica de los muebles del Despacho, para poder acomodar al presidente.
Los primeros en llegar a la cita fueron Monseñor Agripino Núñez Collado y el embajador John Graham, jefe de la Misión Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Este lugar fue escogido, porque Peña Gómez no quería ir ni al Palacio Nacional, ni a la casa del presidente, por lo que este último propuso que fuera en la Biblioteca República Dominicana.
En esa reunión me tocó quedarme dentro del salón donde se realizaba el encuentro, por cualquier asistencia que tendría que dársele al presidente. En la misma, el presidente le planteó al líder perredeista, que como existía un empate “¿Por qué no compartimos el pastel?”, con la fórmula: “yo dos años y usted dos años”. Balaguer le extendió la mano, poniéndose Peña de pies apretándole la diestra. “Estamos de acuerdo, presidente”.
Esta propuesta le resultó muy atractiva a Peña Gómez, quien con una amplia sonrisa se despidió, sellando un virtual acuerdo. Incluso Peña llegó a anunciar a la prensa este arreglo.
Pero como Bernardo Vega señala en su libro ¨Las dolosas elecciones de 1994¨: “terminado el evento, Agripino Núñez y el embajador Graham mantuvieron un encuentro y evidenciaron su sorpresa al ver cómo Peña Gómez había sido seducido por el astuto Balaguer”.
Peña Gómez salió tan entusiasmada de la reunión que se dirigió a las oficinas de la Internacional Socialista, donde instruyó a Milton Ray Guevara, Frank Moya, Pons, y Emmanuel Esquea Guerrero, para que prepararan un proyecto de reforma constitucional en base al “2 y 2”. Dicho proyecto declararía un empate electoral y debería ser aprobado antes del 16 de agosto. Pero nunca se llegó a redactar.
Por su parte, Agripino y Graham llamaron al líder perredeista para que fuera a la residencia del primero, ya que no estaban de acuerdo con la solución. Peña no fue, delegó en Moya Pons y Sánchez Baret, a quienes Agrípino les expresó que: “el problema es que hasta hace unas horas el PRD había estado denunciando un fraude. ¿Compartiendo el pastel no hubo fraude? ¿Qué mensaje se llevaría a la gente?”
Peña Gómez se encontró con el rechazo del comité político de su partido, que entendía que Balaguer lo iba engañar. Milagros Ortiz Bosch, Hugo Tolentino Dipp y Tirso Mejía Ricart fueron los más activos en convencer a Peña para que declinara la oferta. Mientras, Fernando Álvarez Bogaert era partidario de la aceptación de la misma. Esta postura colectiva hizo a Peña retroceder.