La reunión en China entre el presidente Donald Trump y Xi Jinping dio la impresión de dos compadres con largos años sin verse. Eso fue un teatro porque ambos protagonizan la lid por la dirección del mundo y generalmente eso no termina bien. La verdadera verdad la expresó Marco Rubio al identificar al país asiático como principal enemigo de USA.
Al iniciar las conversaciones Xi, que mantuvo una exposición conceptual, dijo que ambos podrían eludir la Trampa de Tucídides, y evitar el conflicto entre el liderazgo establecido y el emergente, que obviamente es China. La posibilidad de trabajar unidos por el progreso y la paz fue la esencia de los planteamientos del anfitrión. Trump fue más retórico y superficial pero igualmente hizo su papel zalamero y conciliador para lograr sus ventas.
Los norteamericanos, una nación de 250 años no aceptan la derrota. China, una nación cultural de más de cinco mil años, regresa de sufrir un siglo de vejámenes por varias potencias: Japón, Rusia y otros colonialistas, principalmente Gran Bretaña. La impaciencia y la paciencia se enfrentan en este teatro Kabuki donde la economía es el perfume moral que mueve el drama.
China, un milagro de recuperación económica y quizá un error estratégico de Estados Unidos por contribuir con su apoyo, mantiene un perfil pacifista pero su profundo desarrollo tecnológico mueve a sospechar que posee un buen arsenal militar con todos los aderezos de estilo. Y ahí está el detalle que lubrica las especulaciones geopolíticas.
Según la cantata china, solo les interesa hacer negocios con quien sea respetando el pensamiento, relaciones y estructura de gobierno; una versión más amplia y contraria a la norteamericana que quiere controlarlo todo y sanciona a quienes osan moverse del lugar que le asignan en el coro, pero hay un punto que lima el advenimiento de la potencia asiática y es que el presidente Trump es otro que sólo le interesan los negocios.
Esa coincidencia tiene mosca al presidente Vladimir Putin porque podría haber la intención de un acuerdo de bipolaridad, es decir que USA le hiciera un ladito a China para un dueto contra la URSS. En esto no hay nada personal, es sólo cuestión de negocios.
En el encuentro el presidente Xi se mostró cálido con amables elogios a Trump conociendo que le encanta la mermelada y el protagonismo, también le compró aviones, soya y otros insumos para nivelar la balanza comercial, pero se puso ácido con el tema de Taiwán, una cuña en uso por USA que irrita a China.
Quizá los acuerdos reales no se conozcan por ahora pero mientras tanto, para calmar los ánimos y sacarle partido a la visita antes de las elecciones congresuales, Trump invitó al presidente chino a visitar Norteamérica en setiembre.
Pero no se sienten, el espectáculo no termina, pronto habrá otros despliegues de alfombra roja con la visita del presidente Putin que estaba acordado antes. Ya estuvo por allí el presidente de una república que era estado de la URSS, y esperan al primer ministro de Turquía. Ahora todos los caminos conducen a Beijín.
Mientras, Irán sigue controlando Ormuz, Rusia avanza sobre Ucrania, Europa se aloca con la OTAN y China recibe con besos y abrazos a todos los que usan “petroyuanes”.