“…Unas son de cal y otras son de arenas…” Un viejo refrán, que concita y valida lo dicho: “de que una idea o cosa, se conoce por su opuesto…”. Nuestra vida se acompaña de circunstancias, y oscilan las mismas como el péndulo de un reloj que marca el tiempo, y con ello, nos lleva a aprender en cada uno de sus espacios. Vinimos a este mundo como escuela a aprender y a desarrollar todo lo que en nuestro campo aural y de conciencia tenemos grabados. Amar es el verbo que principia a conocer el amor. Servir es el vehículo donde como pasajero va la compasión y la caridad. Convivencia es dar vigencia a la hermandad que nos une como la verdadera familia instituida como humanidad; porque todos somos de ascendencia divina, y unidos todos a la matriz primigenia de Un Padre Madre Dios por el cordón umbilical de amor, poder, atributos y bienaventuranza.
De ahí, que no debemos lamentarnos. Todo ha de volver a la armonía, lo que sube baja. Las aguas podrán intranquilizarse con la caída de un objeto en su superficie; pero esas mismas ondas han de volver a su centro y manifestar su perfecto orden, equilibrio y armonía. Dejemos fluir, aligeremos nuestras pesadas cargas con amor, fe y conocimiento, de que todo está en nosotros, y en nosotros esta hacerlo posible con la fe puesta en la Voluntad de Dios, y la actitud y aceptación, de que con firme decisión podemos realizarnos, con valores, y con el fundamento de los Principios y Ética de moral conducta. Lesbia Gómez.