En recientes declaraciones, un joven, posible aspirante a la presidencia de la República, prometió crear una ley que impidiera a los dominicanos de ascendencia haitiana aspirar a cargos electivos. Muchos de ustedes se preguntarán de dónde sale esta boutade, este tremendismo tan provocador, sabiendo —como sabe el autor— que su propuesta violaría la mismísima Constitución y hasta el sentido común.
Todo lo que está ocurriendo en el mundo político (Brexit, Bolsonaro, Trump, VOX) tiene que ver con una sociedad de la información que ha provocado una epidemia global por exceso de información (la infodemia), la cual ha arrastrado a la política hasta la llamada Economía De la Atención (EDA): cuando la información abunda, captar la atención del otro se convierte en moneda de curso legal.
En la infodemia, lo escaso no es la información, sino la atención. Y resulta que, para llamar la atención y obtener visibilidad, los argumentos no son el mejor instrumento; sino los gestos, las palabras y las acciones que posean una carga emocional, como la ira, el odio (en la RD, los haitianos son la primera víctima), el escándalo, la victimización, la indignación.
Vemos que se promueve la polarización y el odio porque ambos conceptos llaman la atención y conectan emocionalmente, pero, a la vez, alejan toda posibilidad de diálogo o debate. ¿A quién le importa un programa de gobierno o la ideología de nuestros partidos?
En el caso de las declaraciones del joven, por supuesto que no existe posibilidad alguna de aprobar una ley que impida que un dominicano sea electo a un cargo público, incluida la presidencia, por tener orígenes haitianos. Estoy seguro de que el proponente también lo sabe. Solo que a él no le interesa convencernos, sino captar nuestra atención, lo cual, precisamente, ha logrado —como lo hizo Trump cuando aseguró que el Papa Francisco lo apoyaba-. ¡Ojo al Cristo!
La EDA provoca que los algoritmos prioricen la indignación, el escándalo y la controversia. De ahí surgen los insultos, las descalificaciones y el novamás de la vulgaridad expresada en el nuevo adjetivo de uso popular: “fornicatumadre”.
Cosas de la EDA y no de España. Corren tiempos difíciles. Cuando en la sociedad, y específicamente en la lucha política, la viralidad es más importante que la verdad, esa sociedad comienza a desquebrajarse junto con su democracia, que, poco a poco, se irá adentrando en los “lúgubres cuarteles” del neofascismo que hoy amenaza al mundo.