Como en Venezuela –hace seis semanas–, frente al terremoto de ayer en Colombia, tenemos que ser solidarios. Toca expresar nuestro pesar para con el hermano pueblo colombiano y decir, ¡presente!, tantas veces cuanto sea necesario.
Ha sido correcta la posición del gobierno dominicano frente a Colombia, expresada por el presidente Abinader en su cuenta de X, manifestando nuestra solidaridad y también nuestra disposición de “brindar el apoyo y la asistencia que sean necesarios”. En este difícil trance, al presidente Abelardo de la Espriella le corresponde liderar el proceso de socorro, respuesta y reconstrucción, y su gobierno debe saber que cuenta con el respaldo del pueblo dominicano.
Volviendo al patio, si la tierra está temblando; si algunos entienden que el fin de los tiempos está a la vuelta de la esquina; que Jesucristo vendrá pronto o que mandará a un primo; que el calentamiento global está acelerando movimientos telúricos (sí, hay gente que cree eso); que hace más de 60 años que las grandes fallas tectónicas que recorren el país están acumulando presión; que gran parte de la capital es arcilla, como también lo son otras importantes ciudades del país; que los códigos de construcción no eran suficientes, o no fueron observados; o que los estudios de sismorresistencia en oficinas públicas, privadas, infraestructuras viales, plazas, viviendas, etc. no han sido realizados; o las soluciones de mejoras constructivas no han iniciado, y así, un largo etc.; lo cierto es que aún estamos a tiempo de comprar y poner candado… antes de que nos roben.
Sería mezquino no reconocer el trabajo de fortalecimiento constante que han tenido nuestros organismos de socorro, como también lo sería obviar que ha sido el resultado de décadas sostenidas de capacitación, entrenamiento y asignación de recursos; y que los políticos de todos los partidos han contribuido –en mayor o menor medida– a esta realidad que hoy vivimos, donde contamos con un Centro de Operaciones de Emergencia, una Defensa Civil, una Cruz Roja, y capacidades internas en instituciones militares y policiales.
Lo que corresponde es mejorar eso, elevar la alerta. El gobierno debe aumentar recursos a esas instituciones y redoblar esfuerzos de cara a fortalecer nuestras capacidades de respuesta ante desastres. Por ejemplo, nuestros socorristas hicieron un buen trabajo en Venezuela porque el Jet Set los entrenó, y, en consecuencia, pudieron equiparse mejor.
Tenemos experiencia probada en el manejo de huracanes, pero ¿estamos al mismo nivel para gestionar un gran terremoto? ¿Tenemos la estructura de voluntarios y socorristas habilitada, entrenada, equipada? ¿Tenemos suficientes hospitales de campaña en caso de que colapsen las estructuras oficiales? ¿Cuántas escaleras de gran altura, perros entrenados, sonares de rastreo –etc. – tenemos? ¿Tenemos un plan de contingencia elaborado? ¿Cuánto ganan quienes dedican sus vidas a salvar vidas?
Todas estas preguntas (y muchísimas más) hay que hacerlas, y a todas esas preguntas, como sociedad, urgentemente tenemos que buscarles respuestas.