El ser humano se proyecta cuando identifica en algo externo, ya sea en otra persona, en un animal, o incluso hasta en alguna manifestación de arte, algún aspecto de sí mismo, este puede ser una emoción, una creencia, una perspectiva o una cualidad.
Nicole Troncoso, especialista en terapia familiar, indica que como individuos nos encontramos constantemente relacionándonos con todo lo que vemos a nuestro alrededor.
“Siempre estamos proyectando según lo que ya tenemos dentro”, afirmó la psicóloga.
De esta manera, la proyección parental ocurre cuando los padres, a partir de sus propias idealizaciones, deseos no cumplidos, expectativas no alcanzadas o frustraciones personales del pasado perciben y tratan a sus hijos como una extensión de sí mismos, generando así un “espejo emocional”.
Troncoso comenta a Listín Diario que, incluso desde el embarazo, los padres pueden reflejar de alguna manera heridas emocionales en sus hijos. Esto ocurre con mayor frecuencia en las mujeres, puesto que al convertirse en madres desarrollan un vínculo simbiótico con sus hijos y enfrentan una dualidad en la que se entrelaza la maternidad con sus propios miedos.
“Lo que sea que la mamá esté sintiendo…, si está relajada, si se siente segura, si se siente bajo amenaza, el bebé esto mismo lo va a replicar”, agregó la especialista.
Aunque esto ocurre especialmente en las madres, en ocasiones, ambos padres comparan a sus hijos, a medida que estos crecen con las experiencias que vivieron durante su propia infancia, ya sean carencias, excesos o traumas. De igual forma, dependiendo del nivel de consciencia y de las experiencias pasadas de los padres, estos pueden relacionar la crianza con determinados sentimientos o percibirla como una confrontación de aspectos de su propio pasado.
“Muchas veces sirve como espejo cuando hay un hijo y una hija, se ve el trato diferencial que hay entre ellos, y cuando los padres lo pueden notar o alguien se los hace notar, entonces ahí también ellos pueden ir viendo qué creencias inconscientes están condicionando en su crianza que tienen que ver con sus propias creencias y no tanto con los niños”, expresó la psicóloga.
Asegura la profesional que el paso inicial para que los padres eviten la proyección de sus propias vivencias en los hijos consiste en crear espacios y momentos de introspección, que les permitan entrar en contacto consigo mismos e identificar en qué situaciones o qué acciones desencadenan la frustración hacia sus hijos.
A partir de esta reflexión, podrán tomar conciencia de sus reacciones y optar por responder de una manera distinta, ya que, si las heridas de los primeros años no han sido procesadas por el adulto, estas continuarán manifestándose en sus relaciones familiares actuales.
Nicole Troncoso indica que, además de esto, la terapia siempre será una buena herramienta para que los adultos desarrollen y fortalezcan la autoconciencia.