Estamos tan habituados a que sea de ese modo, que ni siquiera nos detenemos a pensar que pudiera ser diferente. Tenemos un lenguaje nacional único y pasamos por alto las ventajas económicas que esa situación nos trae.
Lo que consideramos tan normal aquí, sin embargo, no sucede igual en gran parte del mundo. Lo usual en varias regiones es que existan numerosos idiomas y dialectos, resultantes de la forma como los estados nacionales se fueron consolidando, abarcando grupos tribales y distintos segmentos étnicos. Se estima, por ejemplo, que en China existen alrededor de 300 lenguajes, 121 en la India, más de 700 en Indonesia, once en Sudáfrica, 525 en Nigeria, 74 en Pakistán y 36 en Rusia.
Pero hay una gran diferencia entre los lenguajes nativos y los importados desde el extranjero, y a ese respecto la economía y la cultura tienden a ir en direcciones opuestas.
Los nativos suelen ser remanentes del pasado y son hablados por minorías cada vez más reducidas. Desde el punto de vista económico, su valor es normalmente superado por sus costos, estos últimos en términos de tiempo e inversión en aprendizaje y dificultades de comunicación. Desde el ángulo cultural, por el contrario, suelen ser considerados como una manifestación de identidad y riqueza que debe ser preservada.
Los que llegan desde afuera son por lo regular adquiridos por su valor económico, y con frecuencia son vistos como una amenaza para la pureza de las tradiciones culturales y un grave peligro para la integridad de los idiomas nacionales. Se recurre entonces a disposiciones, en su mayoría de dudosa efectividad, con el propósito de obligar que se utilice el lenguaje local, pudiendo llegarse al punto de prohibir el empleo de idiomas foráneos en anuncios, marcas, señalizaciones, documentos oficiales y otros tipos de aplicaciones. Hasta en los EE.UU. se ha establecido recientemente el uso exclusivo del inglés en varias entidades y servicios gubernamentales.
Que apenas queden unas cuantas palabras de origen taíno entre nosotros, puede ser una gran tragedia lingüística. Para el funcionamiento económico, no obstante, es muy conveniente que contemos con un idioma común que todos entendemos. Y conviene además que ese idioma sea uno de los principales del planeta, hablado por cientos de millones de personas, poniendo a nuestra disposición incontables obras literarias, manuales técnicos, páginas web, películas, noticias, canciones y una multitud de otras informaciones y documentos.