Por: Ana Vargas.
Cuántas veces nos pasa que se acerca un encuentro, una reunión o una fiesta, y en lugar de sentir alegría por ver a la gente querida, se nos llena la mente de preocupaciones. ¿Será que este vestido está bien? ¿Estos zapatos combinan lo suficiente? ¿Qué pensarán si no llevo una prenda que todos reconozcan? Nos quedamos sin disfrutar de antemano, y a veces incluso dejamos de ir, condenándonos solos a perder momentos que ya no volverán, todo por algo que tiene una solución tan sencilla.
La verdadera elegancia no cuesta nada y no se compra en ninguna tienda. La prenda que siempre debe lucir impecable, bonita y llena de luz eres tú por dentro. Que te vean llegar con una sonrisa sincera, con palabras amables y con el corazón dispuesto a compartir, eso vale más que cualquier prenda de vestir.
Vístete con lo que tengas a mano, lo que te quede cómodo y te haga sentir bien contigo misma. Lo demás es solo tela que se usa y se olvida. No cambies la alegría de estar presente, de abrazar y de reír, por el peso de querer parecer lo que no eres o lo que no tienes. Ser feliz con lo que llevas, sin importar su valor, es el mejor estilo que puedes lucir ante el mundo.
Al final del camino, nadie recordará qué calzabas ni de qué marca era tu ropa. Lo que la gente se lleva guardado en el alma es cómo los hiciste sentir mientras estuviste ahí. Vive tranquila, viste sencillez y disfruta a pleno cada instante, que eso es lo que realmente queda cuando pasa la vida.