“Cada nodo abre las puertas a nuevas oportunidades de bienestar”
En agosto de 2020 asumimos la conducción de la protección social del país en medio de tres crisis simultáneas: la pandemia de la Covid-19, una severa crisis internacional por los aumentos de los precios de los alimentos y combustibles, y un profundo deterioro institucional heredado de los últimos 16 años de gobierno.
Enfrentábamos urgencias y prioridades que, muchas veces, parecían chocar entre sí. La solución fue transformar las políticas de protección social en un vehículo para generar autonomía. Decidimos fortalecer las capacidades productivas de la gente mediante formación técnica, apoyo al emprendimiento, intermediación laboral y acompañamiento social, complementados con transferencias monetarias (condicionadas y no condicionadas) que garantizaran un piso mínimo de bienestar.
Con esa visión, pusimos en marcha una estrategia de superación de la pobreza centrada en dos fases. La primera fue atender a los retos de la emergencia nacional, lo que nos llevó a evitar que más de 594,745 personas en 2020 y 302,365 en 2021 cayeran por debajo de la línea de pobreza. La segunda fase fue apostar por la superación de la vulnerabilidad, dotando a las familias de herramientas que les permitieran salir de la pobreza de forma sostenible.
De esa apuesta nació Supérate, el programa más ambicioso de protección y superación social en la historia dominicana. Hoy, cinco años después, más de 150,000 familias se han graduado de las transferencias. Superaron sus niveles de pobreza y viven en condiciones dignas, con las necesidades esenciales cubiertas y con un proyecto de vida que les conduce de forma paulatina a niveles cada vez mayores de bienestar.
En este tiempo, más de 1.5 millones de hogares han recibido transferencias monetarias, y de ellos, la mitad cuenta con productos financieros en la banca comercial. Esto les ha permitido ahorrar, planificar económicamente su futuro y emprender.
Si en agosto de 2020 decíamos que nos concentraríamos en impulsar la capacidad productiva de la gente, en agosto de 2025 podemos decir que más de 200,000 personas han recibido formaciones técnicas y de empleabilidad. Entre estas, la mayoría fueron jóvenes y mujeres, lo que también nos ha permitido enfrentar las barreras que históricamente han afectado a esta población.
A esto se suman 30,000 participantes en educación financiera, formados para gestionar mejor sus recursos y emprender con bases sólidas. El manejo doméstico de las finanzas es un reto para la mayoría, pero estos participantes fueron preparados para aprovechar al máximo los recursos con los que cuentan y emprender proyectos de vida basados en una óptima salud financiera.
En paralelo, impulsamos más de 10,000 microemprendimientos con capital semilla, entre ellos 2,000 liderados por Mujeres Súper Emprendedoras. Estas intervenciones impactaron a miles de hogares. La mayoría de estas pequeñas empresas generó nuevos empleos.
La protección social no es un conjunto de programas aislados, sino una red de nodos interconectados. Invertir en una madre soltera, por ejemplo, es también invertir en la calidad de vida de sus hijos e hijas. Bajo esa lógica, enfrentamos dos factores críticos de reproducción de la pobreza: el embarazo adolescente y las uniones tempranas. A través de programas como los Clubes de Chicas, más de 5,000 niñas y adolescentes recibieron acompañamiento socioeducativo para abrirse paso hacia un futuro diferente.
Uno de los nodos más importantes tejidos en estos cinco años ha sido el de los cuidados. Por primera vez en la historia de nuestro país contamos con una política que profesionaliza la labor de los cuidadores y dignifica las condiciones de vida de las personas dependientes.
Con esta política, 2000 personas se formaron para ejercer el servicio de cuidado domiciliario. Abrimos la puerta para que cuidar no sea una tarea exclusiva de las mujeres del hogar, y para que estas labores pasen a un estatus mucho más respetado, generando una fuente de ingresos para los hogares.
Además, impactamos las vidas de 10,000 familias de niñas, niños y adolescentes con discapacidad, a través de una transferencia para facilitar su calidad de vida. Igualmente, 5,000 mujeres recibieron apoyo vía el programa de apoyo a mujeres víctimas de violencia. Contamos con cuatro nuevos Centros de Superación Comunitaria, tres escuelas de gastronomía, 30 nuevos modelos de Casas Sombra y dos nuevas tiendas de Manos Dominicanas.
Como país vulnerable al cambio climático, pusimos en marcha la estrategia de Protección Social Adaptativa, que incluye el Bono de Emergencia, una herramienta ágil y efectiva para asistir a las familias afectadas por fenómenos como el huracán Fiona.
Las 32 provincias del país han estado cubiertas por la red de protección que hemos tejido en estos cinco años. Los nodos abarcan desde la economía de los hogares hasta vulnerabilidades sociales que históricamente fueron dejadas de lado.
Cinco años después, seguimos fortaleciendo cada nodo y ampliando cada hilo de esta red, con la convicción de que lo logrado hasta hoy es apenas el inicio. Lo que viene es mayor: la consolidación de un cambio duradero que llevará a la República Dominicana hacia una superación definitiva de la vulnerabilidad y la pobreza.