Motivación y alegría es lo que debemos inyectar cuando sentimos de momento una avalancha de incertidumbre, y aparentemente se esfuman nuestros sueños y sentimos que nuestros esfuerzos son en vano.
Es aquí cuando debemos insistir, en la certeza en que lo que nos llega cada día es lo que está pautado según los designios del Altísimo. Lo que nos toca llega en el momento perfecto.
Como dice el refrán popular: “Cuando Dios da, hasta la canasta pone”. Esta frase nos recuerda que, cuando Dios decide bendecirnos, no solo nos da lo que pedimos, sino que prepara todo para que podamos recibirlo sin obstáculos.
Una vieja leyenda ilustra perfectamente este punto. “Un hombre recibía la tarea diaria de empujar una gran piedra, pero por más que lo intentaba, no lograba moverla. Día tras día, su frustración crecía, hasta que un día Dios movió la piedra con facilidad. El hombre, sorprendido, preguntó por qué su esfuerzo no fue suficiente. Dios le explicó que su tarea era empujar, pues ese esfuerzo fortalecía sus músculos y su espíritu; mover la piedra era tarea de Dios”.
Así, entendemos que nuestro compromiso es dedicar lo mejor de nosotros, mientras confiamos en que lo que está fuera de nuestro alcance será resuelto por una fuerza mayor.
Por eso, hacer nuestro trabajo con creatividad, entrega y gratitud nos prepara para recibir, de lo que sembramos o nos corresponde.