En estos días, nuestro país ha sido sacudido por la dolorosa noticia de una joven abusada por seis hombres. No es solo un titular más, es una herida que cala profundo en quienes aún creemos en la dignidad, la justicia y el respeto hacia la vida humana.
Como mujer, como ciudadana y como ser humano, no puedo permanecer indiferente. Cada vez que un hecho como este ocurre, nos arrebatan un pedazo de nuestra humanidad. El abuso sexual no es un error, no es una travesura, es un crimen atroz que destruye cuerpos, sueños y almas.
Lo que más duele no es solo el acto en sí, sino la indiferencia que muchas veces lo rodea. ¿Cuántas veces hemos normalizado el irrespeto hacia la mujer? ¿Cuántas veces el silencio se vuelve cómplice? No podemos permitir que la violencia se disfrace de cultura, de machismo o de excusa social.
Esta joven, cuyo nombre no menciono porque detrás de él están todas las que han vivido lo mismo, representa a miles de mujeres que han callado por miedo, por vergüenza o porque la justicia les ha dado la espalda. Por ellas y por las que vendrán, debemos alzar la voz.
Como sociedad, tenemos que mirar este caso de frente y preguntarnos: ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos?, ¿Qué valores realmente defendemos?, ¿Qué justicia estamos construyendo? No se trata solo de castigar a los culpables, sino de cambiar de raíz una cultura que muchas veces normaliza el irrespeto y la violencia.
Hoy escribo con dolor, pero también con esperanza. Porque creo en un futuro donde las mujeres no tengan miedo de caminar solas, de vestirse como quieran, de alzar la voz. Donde ningún hombre sienta que tiene derecho sobre el cuerpo de una mujer.
No podemos callar más. El dolor se convierte en fuerza cuando se comparte, y la indignación se transforma en cambio cuando nos atrevemos a actuar. Que este caso no quede como una noticia pasajera, sino como un llamado urgente a construir una sociedad más justa, más humana y más digna para todos.
Por: Yameirys Acevedo.