Entre tú y yo, la inseguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones de los dominicanos. Las encuestas continúan colocándola entre los problemas que más afectan a la población, alcanzando alrededor de un 55 % dentro de las inquietudes ciudadanas.
Y entonces surge la pregunta que millones de personas se hacen todos los días: ¿por qué no mejora la seguridad ciudadana?
La respuesta quizás incomode, pero es necesaria: porque la seguridad no puede manejarse con improvisación.
La delincuencia no se reduce únicamente con más vehículos, más operativos o más anuncios. La seguridad ciudadana necesita dirección, planificación y control operativo. Y toda gestión seria tiene una base fundamental: información confiable.
Es justo reconocer que en los últimos años el gobierno ha realizado esfuerzos importantes para mejorar las condiciones de vida y operatividad de la Policía Nacional, incluyendo aumentos salariales, mejoras en el seguro médico y renovación de vehículos y equipos. Son avances necesarios. Pero incluso esos esfuerzos pierden efectividad cuando no van acompañados de supervisión, análisis técnico y una estrategia preventiva permanente.
Ninguna empresa moderna funciona a ciegas. Ningún banco presta dinero sin analizar riesgos. Ningún hospital administra emergencias sin estadísticas. Sin embargo, muchas veces la seguridad ciudadana pretende enfrentarse sin una estructura sólida de análisis criminal, sin levantamiento eficiente de denuncias y sin planificación sustentada en datos reales.
Y ahí comienza gran parte del problema.
Las estadísticas permiten entender cómo se mueve la delincuencia, dónde actúa, en qué horarios golpea, cuáles sectores son más vulnerables y qué modalidades delictivas están creciendo. Cuando las denuncias no se registran correctamente o las informaciones no se analizan técnicamente, el patrullaje pierde dirección y la capacidad preventiva se debilita. Porque la seguridad no se combate a ciegas.
Las estadísticas también permiten evaluar el desempeño operativo de las estructuras policiales. Los directores regionales, como niveles superiores de mando, deben ser evaluados constantemente mediante análisis comparativos de una semana a otra y de un mes a otro. Ese seguimiento permite detectar aumentos delictivos, identificar fallas operativas y tomar decisiones correctivas a tiempo.
En nuestra experiencia dentro de la Policía Nacional, incluso se realizaban pruebas de calidad mediante llamadas simuladas de auxilio para medir los tiempos de respuesta. Las patrullas llegaban siempre antes de cinco minutos. ¿Por qué ocurría eso? Porque la policía estaba en las calles, existía supervisión operativa y capacidad de reacción inmediata.
Pero existe un elemento todavía más importante: el patrullaje preventivo.
La verdadera función del patrullaje no es reaccionar al delito, sino impedirlo. La presencia permanente de agentes en las calles sigue siendo uno de los mecanismos más efectivos para prevenir y disuadir hechos delictivos. El delincuente observa, mide riesgos y aprovecha los espacios donde percibe ausencia de autoridad. Cuando siente vigilancia real y capacidad inmediata de respuesta, reduce sus movimientos y cambia su comportamiento.
La población lo percibe diariamente. Hay sectores donde después de cierta hora las personas prefieren encerrarse temprano, evitar determinadas calles o limitar sus movimientos por miedo a ser víctimas de un atraco. Y cuando el ciudadano siente miedo de circular libremente, comienza a perderse algo más que la tranquilidad: empieza a perderse la libertad.
Por eso el patrullaje no puede ser improvisado ni simplemente visible. Debe ser estratégico, permanente y orientado mediante estadísticas confiables, mapas de calor delictivo, horarios críticos y análisis constantes del comportamiento criminal. De lo contrario, termina convertido en simples recorridos sin impacto real.
Muchos países que lograron reducir significativamente la criminalidad fortalecieron precisamente esos dos pilares: estadísticas confiables y patrullaje preventivo inteligente. No fue casualidad. Fue planificación, supervisión y capacidad de anticipación.
Porque la delincuencia evoluciona. Cambia de horarios, de zonas y de modalidades. Y cuando el Estado reacciona tarde, el ciudadano siente que perdió el control de las calles.
Muchas veces se anuncian reformas, operativos y nuevos equipos. Pero sin planificación científica, supervisión eficiente y presencia preventiva constante, los resultados terminan siendo limitados y temporales.
La seguridad ciudadana no mejora con discursos. Mejora con dirección, control y prevención real.
Por eso volvemos a la pregunta original: ¿por qué no mejora la seguridad ciudadana?
Porque sin estadísticas confiables, evaluación permanente del desempeño y patrullaje preventivo constante, la seguridad termina convirtiéndose en simple reacción.
Y cuando el Estado solo reacciona… la delincuencia termina gobernando las calles.
joaquinjoga@gmail.com