Imagina que revisas tu estado de cuenta y aparece una tarjeta que nunca pediste. Reclamas y descubres que no eres el único: son millones de personas.
No es ficción. Ocurrió en Wells Fargo, uno de los bancos más grandes del mundo, que en el 2020 pagó US$3,000 millones para resolver investigaciones penales y civiles.
Pero lo que me quita el sueño es otra cosa: Wells Fargo tenía un Programa de Cumplimiento por el libro: línea de denuncias, investigaciones internas, régimen disciplinario. En papel era un modelo. Sin embargo, su regulador alegó que ese sistema estaba diseñado para detectar muy poco y corregir todavía menos.
Tener controles no es lo mismo que ejercer control.
¿Y esto qué tiene que ver con nosotros? Todo.
En agosto del año pasado se promulgó un nuevo Código Penal. Se ha hablado mucho de él y casi nada de su Artículo 8, que establece que, por primera vez, una empresa dominicana podrá responder penalmente por lo que hagan sus órganos, representantes o empleados.
Ahora viene lo bueno: puede quedar excluida de responsabilidad si implementó de manera efectiva un Programa de Prevención y concurrieron las demás condiciones del Artículo 8. Ahí está la palabra que lo cambia todo: efectiva. No habla de tenerlo, sino de si funciona.
Si dos empresas tienen los mismos recursos, ¿por qué en una funciona y en la otra no?
Hui Chen, exasesora de Cumplimiento del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, lo resume así: el Cumplimiento determina cuáles son las reglas; la Ética determina si esas reglas se van a seguir.
A mí me costó entenderlo. Llevo meses escribiendo un libro cuyo marco descansa en esas tres piezas y, muy certificada y todo, venía tratando la Ética como un valor bonito. Leí un capítulo de David Gebler y tuve que rediseñarlo entero: la Ética no es un valor transversal, es una disciplina y de ella parten la buena Gobernanza y el Cumplimiento correcto. Un programa se diseña, se documenta, se implementa y se audita. La Ética no. Se cultiva con liderazgo, con incentivos, con consecuencias que se cumplen y con decisiones repetidas a lo largo de años. El Cumplimiento se implanta; la Ética se cultiva.
En octubre del 2024, TD Bank se declaró culpable penalmente. Sí, el banco. La persona jurídica. ¿Y qué había hecho? Algo que puede ocurrir en cualquier negocio: tenía su programa y lo dejó quieto. Entre el 2014 y el 2022 no le agregó un solo escenario de monitoreo. El programa existía, pero ya no le quedaba a su medida.
A mi abuelo, don Alberto, lo llamaban “el sastre de los periodistas”. De su memoria aprendí que un buen traje no se compra hecho: se toma la medida, se prueba, se ajusta, y hay que volver con los años, porque el cuerpo cambia. El de percha se nota a tres metros.
TD Bank tenía un traje del 2014 y siguió creciendo. Nunca volvió al taller.
La Ética es lo otro. Es más sutil y le da porte al sujeto: es cómo uno lo lleva puesto.
El traje te lo puede hacer un sastre. La manera de llevarlo, no.
La autora es la nieta del sastre de los periodistas