Por: Ana Vargas
Agradecer es el secreto de quienes viven felices. Dar gracias por lo que tenemos, por lo pequeño y lo grande, por quien somos y quienes nos acompañan, abrir el corazón nos hace ver la vida con otros ojos. Muchas veces confundimos ser rico con tener mucho dinero, propiedades, cosas que se compran y que con el tiempo se pierden. Pero la verdadera riqueza no cabe en una caja ni se cuenta en moneda.
Ser verdaderamente rico es tener paz en el alma, gente que te quiere a quienes ama, tener salud para vivir, fe para caminar y un corazón que sabe agradecer. La riqueza es la bondad con la que tratas a los demás, la alegría que llevas dentro y la capacidad de compartir lo poco o mucho que tienes. Eso es lo que realmente te enriquece y lo que nadie te puede quitar.
Cuando entendemos esto, comprendemos que no hay mayor fortuna que ser buena persona, vivir con gratitud y llenar de bienes el espíritu más que los bolsillos. Porque al final, lo que queda de nosotros no es lo que compramos, sino lo que dimos y lo que hicimos sentir en los demás. Esa es la riqueza que de verdad vale y que dura para siempre.