Por: Yomery Espinal
Cada 14 de febrero, el mundo se viste de rojo y corazones para celebrar el Día de San Valentín, una fecha dedicada al amor y la amistad. Más allá de los regalos y las cenas románticas, esta conmemoración invita a reflexionar sobre el valor de los afectos en nuestras vidas y la importancia de cultivar relaciones sanas y significativas.
San Valentín se ha convertido en una tradición que une a parejas, amigos y familiares en un mismo sentimiento: el deseo de expresar cariño y gratitud. En las calles, comercios y centros educativos se respira un ambiente especial, donde flores, tarjetas y pequeños detalles simbolizan grandes emociones.
Sin embargo, el verdadero sentido de esta fecha va más allá del consumo. Es una oportunidad para fortalecer vínculos, pedir perdón cuando sea necesario, agradecer la compañía incondicional y recordar que el amor no solo se demuestra con palabras, sino también con acciones diarias basadas en el respeto, la comprensión y la empatía.
En tiempos donde la prisa y las responsabilidades suelen dominar la rutina, el Día de San Valentín nos invita a detenernos un momento y valorar a quienes forman parte esencial de nuestra historia. También es un llamado a practicar el amor propio, reconociendo que el bienestar emocional comienza con el cuidado y la aceptación personal.
Celebrar el amor no debería limitarse a una sola fecha en el calendario. No obstante, el 14 de febrero sirve como recordatorio de que los gestos sinceros, por pequeños que parezcan, tienen el poder de fortalecer relaciones y construir una sociedad más solidaria y humana.
Porque al final, el amor en todas sus formas sigue siendo la fuerza que mueve al mundo.