El presidente Donald Trump caminó tranquilo y libremente hacia la famosa encrucijada de “entra si quieres, sal si puedes”, y ahora no encuentra una salida honorable de Irán. Los ataques sostenidos de Estados Unidos e Israel contra Irán crean múltiples escenarios catastróficos para todas las partes involucradas, sus vecinos y el resto del mundo.
Estados Unidos e Israel, se dice, han propuesto un cese al fuego para reiniciar las conversaciones, mientras Trump ha dicho públicamente que “solo demanda” la “rendición incondicional” de Irán.
Los iraníes, con sobradas razones, dijeron no a la propuesta de negociación: “dos veces nos llamaron a negociar y negociando nos atacaron, no repetiremos ese error”, dicen.
Además, humanamente no podemos esperar que el nuevo líder supremo, ayatolá Mojtaba Khamenei, negocie con quienes asesinaron a su padre y a su madre, eso es mucho.
La “rendición incondicional” es menos que una ilusión. Irán no se arrodillará ante Israel. Claramente, prefieren morir de pie antes que vivir de rodillas. Es entendible.
Trump se reunió con los fabricantes de armas, quienes prometieron “cuadruplicar” la producción, así, indirectamente, admiten que no tienen suficientes municiones para mantener esta guerra.
La mejor forma de Irán ganar el conflicto es resistir y prolongar la guerra, porque eso estropeará todos los mercados energéticos, destruirá la economía mundial. Será culpa de Trump.
Israel y Estados Unidos pueden destruir Irán, pero ¿qué ocurrirá después, con los cerca de 90 millones de iraníes? nadie tiene una respuesta razonable.
Hasta ahora el mercado petrolero mundial funciona con un déficit de cerca del 30% del suministro normal, esto inicia una escalada inflacionaria que ahogará la economía mundial.
Irán nunca se rendirá ante Israel, y Washington no puede sencillamente retroceder, porque eso estropearía su prestigio militar. Si se queda, Washington pierde, si huye, pierde, no hay ningún escenario visible en el que Estados Unidos puedan salir bien parado de esta incómoda situación.
Trump y el presidente de China, Xi Jinping, se reunirán el 31 de marzo, quizá negocien una salida.