Hasta en lo que crees sucede de forma desafortunada en tu vida, sin duda, está la mano del Señor, y es con un propósito. Claro, nosotros no lo sabemos hasta que llega el momento perfecto que es el suyo.
Esto no se aprende, se comprende cuando la fe en Él domina tu vida. Es algo tan pleno que, puedes notar que lo que hoy te derrumba, mañana es tu motivo más fuerte para levantarte.
Sólo déjate llevar por esa confianza divina que aliviana tus cargas y te regala razones para fortalecer tu relación con el Todopoderoso.
Un paseo fabuloso
Con esta fidelidad hacia el que todo lo puede, me trasladé a una ciudad fabulosa donde las perturbaciones existen para ponerte a prueba y engrandecer tu fe.
Nunca es para abatirte, para debilitarte… Al contrario, en ellas es que encuentras ese espacio perfecto para llegar a Dios. Sólo tienes que acudir a la oración.
Pídele con nombres y apellidos que, aunque Él sabe qué tú necesitas le gusta que se lo comuniques, que le muestres que crees en Su promesa, que sabe que Su mano estará intermediando para que obtengas lo que le solicitas.
Plenitud en la tormenta
En ese lugar fabuloso, dueño de un ambiente dominado por la confianza en el Altísimo, es imposible no sentir la certeza de Su presencia. Allí, no importa cuán grande sean las cosas adversas que te sucedan. Lo que cuenta es creer que pasa por un propósito divino.
De hecho, no bien sucede cuando en algo ves la mano de Dios obrar a tu favor. Eso sí, en esta ciudad fabulosa cobra sobrado sentido la frase que muchos atribuyen a la Biblia: “Ayúdate, que yo te ayudaré”. Pero, independientemente, de dónde venga, ésta está llena de verdad.
Como los habitantes de aquí creen fielmente en el Todopoderoso, oran y van haciendo su parte. No se engrandecen. Están más que convencidos de que la mano de Jesús está en cada cosa que realizan. Esto es lo que les permite vivir en un lugar más que fabuloso, divino.
Regresar fue triste
Saber que no podía quedarme allí y que debía volver a mi realidad fue triste. Ya mi mente se estaba acostumbrando a compartir con quienes, como yo, sienten y creen en el poder grandioso del Señor. Venir a mi amado país, donde, aunque hay fe, en los últimos tiempos hemos visto cómo los egos no le permiten a algunos detenerse a pensar que, hoy podemos estar en la cima y mañana en el hoyo, y viceversa.
Porque sí, la mano de Dios está en todo. En aquello que nos libera de experiencias difíciles, y en aquello en lo que nos muestra que no podemos ser engreídos porque hoy estamos aquí, mañana no sabemos. Sólo Él tiene ese dato.
Así que, vamos a ser humildes, a aumentar nuestra fe, a acudir a Él siempre, y sobre todo, vamos a dejar de creernos que somos invencibles porque tenemos “poder” y dinero. Recordemos que el cielo y la tierra pasarán, pero Su palabra, no pasará.