El “fuerte rechazo al plan de traer migrantes de paso”, para citar el principal titular de Listín Diario, edición del pasado viernes, puso una piedra en el camino del presidente Abinader quien, si bien no se presentará a la reelección en las elecciones del 2028, gustaría terminar el segundo mandato con una alta aprobación, como dicen las encuestas.
La divulgación del memorándum de entendimiento entre los gobiernos de los Estados Unidos y la República Dominicana, terminó opacando los acuerdos a que llegó Abinader en Panamá y sobre todo en Guyana, con su homólogo guyanés para la explotación de petróleo en esa rica república sudamericana y partir beneficios.
El tema del memorándum de entendimiento surgió demasiado fuerte y obligó a la Cancillería a formular algunas aclaraciones como que la República Dominicana actúa “por colaboración y no por presión” y explicó la acogida de terceros nacionales con órdenes de deportación firmado en el marco de colaboración continua y de buena fe.
“El Gobierno dominicano recibe solicitudes de parte de todos sus socios. No recibe presiones, solicitudes, pero también nosotros decidimos cuáles aceptamos y cuáles no convienen por una cuestión de soberanía nacional, de seguridad nacional”, manifestó el canciller doctor Roberto Álvarez durante una rueda de prensa el miércoles pasado.
En un editorial titulado “La realidad geopolítica”, el periodista y diplomático Aníbal de Castro, director de Diario Libre, analiza el tema y dice que la situación obliga a mirar el mundo sin ingenuidades. Asegura que “los estados no actúan movidos por afectos, simpatías ideológicas ni declaraciones líricas. Actúan por intereses”.
Muchos dirán que la República Dominicana ha complacido muy puntualmente a los Estados Unidos. Recuerdan que se enemistó con el régimen de Maduro en Venezuela al confiscarle una mansión, entregar a los Estados Unidos dos aviones que estaban en reparación en suelo dominicano y cedió el estacionamiento de aviones militares en dos aeropuertos.
Así, los dominicanos víctimas de la americanización prevaleciente han pagado sus peajes mientras ven a los aviones norteamericanos estacionados en las vecindades de los aeropuertos de Las América y San Isidro sin contribuir a las débiles arcas del país ofertante de esas graciosas ayudas.
En el mundo se ha estado contemplando cómo el presidente Trump ha planteado temas muy discutibles como fueron la devolución del canal de Panamá, la compra de Groenlandia, la asimilación de Canadá como el estado 51, lo mismo últimamente para Venezuela y la toma de la isla de Cuba, cuyo gobierno está en un colapso total.
El interés de los Estados Unidos por cambiar la situación de Cuba, que se proclama una república socialista como Vietnam, recuerda que el último país venció al primero tras concluir la larga guerra de Indochina. Estados Unidos y Vietnam, con altas y bajas, mantienen ahora relaciones aceptablemente cordiales. Muchos proponen dejar a Cuba tranquila y coexistir con su vecino situado a 90 millas.
Estados Unidos acaba de enviar a La Habana a su jefe de la Central de Inteligencia, CIA, John Ratcliffe, para explorar con autoridades cubanas algunos acuerdos que tienen que ver con una supuesta ayuda de 100 millones de dólares para levantar la industria y el sistema eléctrico que están colapsados y las reparaciones económicas de muchas empresas confiscadas por el régimen de Fidel Castro a partir del triunfo de la revolución en 1959, una exigencia del exilio de Miami.
José Martí el escritor, político, diplomático y prócer de Cuba tenido como apóstol de la libertad, cuyo busto está en los frentes de todas las escuelas, le advirtió a su país en sus escritos y discurso contra el dominio colonial español y la necesidad de una independencia absoluta, sin depender de otra potencia. Martí avizoraba al imperialismo renaciente que buscaba expandirse por América Latina.