Últimamente es algo que he escuchado, más de lo que quisiera, motivo por el cual algo me hizo ruido y me animé a escribir sobre el tema. No quiero satanizar ni condenar la inteligencia artificial, por el contrario, es una herramienta muy útil.
Si se sabe aprovechar, ésta es muy beneficiosa para consultar, trabajar, organizarnos, y hasta me atrevería a decir que es buena para desahogo con relación a las emociones y situaciones, ya que puede dar un ‘feedback’ de lo que le planteamos, aunque sean planteamientos de las emociones.
Sin embargo, se despierta una preocupación profunda cuando se dice que una máquina o un programa de inteligencia artificial, puede sustituir el trabajo de psicólogos y/o psiquiatras. Hay que enfatizar que la salud mental no es un simple intercambio de información, sino un proceso humano, ético, clínico y científico que requiere de una formación seria, una sensibilidad humana, una responsabilidad y sobre todo, de un contacto real.
Si bien es cierto que después del año 2020 este contacto también se puede realizar a través de una pantalla, también es verdad que es un ser humano que está detrás de esa pantalla. Con él se tiene la relación terapéutica, no con una máquina o un programa para dar respuestas.
Podríamos decir que la IA puede ser útil como apoyo complementario en algunos aspectos de la salud mental, sobre todo en el área de una psicoeducación, búsqueda de información, orientación básica de qué hacer, pero ojo, jamás, y con esto puedo ser muy tajante, jamás, debe reemplazar lo que sucede en la relación paciente-profesional, ya que es con otro ser humano. La energía que se crea entre los humanos jamás será igual a lo que puede generar un humano con una máquina o un programa.
¡Cuidado con el diagnóstico!

Algunos riesgos que se pueden correr son diagnósticos falsos o equivocados, falta de una empatía auténtica, ausencia de responsabilidad ética, problemas de privacidad y sobre todo, algo que está sucediendo con personas que están muy solas: una extrema dependencia a esos sistemas que no poseen una conciencia real.
No confundamos una ayuda y un apoyo brindado por esta herramienta con la atención del ser humano y su capacidad de acompañar a otro ser humano en su proceso emocional, mental o psicológico que normalmente es muy profundo y doloroso.
Las personas en consulta psicológica y/o psiquiátrica necesitan muchas veces de un silencio terapéutico, un tono de voz determinado, una mirada de sostenimiento, comprensión y una escucha activa de una historia que no necesita un juicio de valor ni una respuesta inmediata. Nada de esto puede ser generado por un programa de inteligencia artificial.
Llegar a un reduccionismo de que la terapia es una conversación y que un programa nos va a devolver respuestas implica empobrecer la compleja relación de humano a humano.
La misma Organización Mundial de la Salud (OMS) ha planteado que las tecnologías deben colocar la ética y al ser humano en el centro de sus diseños, ya que un mensaje incorrecto, una evaluación a la ligera generados por un programa podría agravar una situación de depresión, ansiedad o, en peores casos, poner a la persona en una situación más vulnerable y de riesgo.
Es un complemento, no un sustituto
Otros pueden argumentar que la IA está disponible 24/7 y que es más económico. Ante esto, es importante saber que esa disponibilidad ilimitada no significa competencia clínica, o una comprensión real de un sufrimiento humano, y mucho menos que pueda tomar decisiones importantes frente a una crisis.
Estudios recientes y de profesionales hablan de que el uso de ‘bots’ podrían ofrecer validación inmediata, pero producir dependencias y/o respuestas sesgadas, consejos peligrosos o peor aun, una falsa sensación de una relación terapéutica confiable.
No quiero ser injusta y no reconocer los beneficios. La IA puede ser un apoyo, siempre y cuando sea utilizada de manera correcta, por ejemplo, en la ayuda a organizar a la persona, incluso prepararse para asistir a una sesión con unas preguntas o planteamientos organizados; por tanto, insisto, es un complemento al proceso, no un sustituto.
Recordar que un proceso terapéutico no se basa exclusivamente en hablar y ser escuchado, a veces implica simplemente estar, estar con respeto, escuchar y sostener emocionalmente, eso nunca será sustituido.
